Elon Musk, Peter Thiel y Palmer Luckey están detrás de esta ambiciosa propuesta que ha captado la atención del Pentágono, según Reuters. A diferencia de la Cúpula de Hierro de Israel, este sistema se basa en constelaciones de satélites, similar a Starlink.
La idea de un escudo antimisiles para proteger a Estados Unidos no es nueva. Durante la era Reagan, se soñó con una iniciativa conocida como «Star Wars», que nunca se concretó. Ahora, la administración Trump busca revivir el concepto utilizando tecnología moderna y un nombre más impactante: «Golden Dome».
Un consorcio tecnológico liderado por SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, está a la vanguardia en el desarrollo de este proyecto, según informes de Reuters. La propuesta incluye una constelación de entre 400 y más de 1,000 satélites diseñados para detectar misiles enemigos, rastrear su trayectoria y evaluar si representan una amenaza para el territorio estadounidense. Además, se planea una flota separada de aproximadamente 200 satélites armados con misiles o láseres para interceptar los misiles entrantes; sin embargo, el grupo de SpaceX no estaría involucrado en esta parte ofensiva.
Junto a SpaceX, otras dos empresas tecnológicas participan en la iniciativa: Palantir Technologies y Anduril Industries. Palantir, cofundada por Alex Karp y Peter Thiel, es conocida por su software gubernamental, mientras que Anduril se especializa en drones militares y tecnologías de defensa autónoma, siendo su fundador Palmer Luckey, conocido por los cascos de realidad virtual Oculus Rift. Todos ellos son emprendedores cercanos y donantes significativos a Donald Trump.
El enfoque propuesto por SpaceX, Palantir y Anduril presenta un modelo poco convencional para un contrato de defensa de esta magnitud: un sistema de suscripción. En lugar de adquirir y poseer la infraestructura satelital, el Pentágono pagaría una tarifa por acceder a sus servicios. Este modelo podría acelerar la implementación al evitar los protocolos tradicionales de adquisiciones del Pentágono, aunque también podría limitar el control del gobierno sobre el desarrollo y los costos futuros de la tecnología.
Tras la publicación de Reuters, que generó inquietudes sobre posibles conflictos de interés, Elon Musk respondió en su cuenta de X: «esto no es cierto», sin ofrecer más detalles.
La elección del nombre «Golden Dome» parece inspirarse claramente en la Cúpula de Hierro israelí, aunque las diferencias son evidentes: Israel es un país pequeño con amenazas de corto alcance, mientras que EE.UU. es un territorio extenso expuesto a ataques desde múltiples frentes y nuevas amenazas, como los misiles hipersónicos desarrollados por Rusia y China, cuyas trayectorias erráticas y alta velocidad desafían los sistemas actuales.
Recrear la Cúpula de Hierro a escala estadounidense resulta técnica y económicamente inviable. Por ello, la solución más viable en este momento parece ser una basada en la constelación de satélites Starlink, con un costo estimado entre 6,000 y 10,000 millones de dólares.
A pesar del liderazgo aparente de SpaceX y sus socios tecnológicos, gigantes tradicionales del sector defensa como Lockheed Martin, Northrop Grumman, RTX y Boeing también están compitiendo por su parte del contrato. El Pentágono ha recibido propuestas de más de 180 empresas.
La gran incógnita es si el Golden Dome realmente representará una revolución defensiva ante amenazas concretas (como las armas hipersónicas o los sistemas de bombardeo orbital) o si se tratará simplemente de otra promesa electoral más cercana a la ciencia ficción que a una estrategia militar efectiva. La actual administración ha demostrado que nada sobre sus planes futuros es predecible.
