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Una boa enferma, pero que no muere

En el último tiempo, las redes sociales se han estado llenando de indignados reclamos de personas que volaron en Boliviana de Aviación (BoA). Pérdidas de maletas, cancelaciones y demoras en las salidas de los vuelos y hasta el mal funcionamiento de las naves fueron solo algunos de los problemas que se registraron en esta empresa estatal, que tiene casi el monopolio en los cielos bolivianos (domina el 86 por ciento del transporte aéreo interno; Ecojet tiene el 12 por ciento y Tamep, el 2 por ciento). ¿Hasta cuándo BoA operará así (de mal)? ¿A qué extremos se tiene que llegar para que las cosas cambien en esta empresa pública? Probablemente a ninguno, o tal vez todos los extremos serían insuficientes, pues es realmente difícil que una empresa tan mal gestionada y corroída por la mediocridad como BoA mejore de un día al otro, y ni siquiera gradualmente.
Así son, pues, las empresas estatales controladas por gobiernos incapaces: pueden estar enfermas de corrupción o ineficiencia, pero también durar por años y años, sin llegar a dejar de existir. BoA es como una boa moribunda, pero que, mientras exista un gobierno populista y estatizante como el actual, seguirá hallando alimento y, por tanto, seguirá viva y reptando.
Los extravíos de valijas pueden ser ya muy molestos y un motivo más que suficiente para el airado reclamo de los desafortunados pasajeros…; pero los problemas, como se dijo antes y para desgracia de los viajantes, no son solo de esa índole. Hace unas semanas, por ejemplo, cuando un Boeing 373-700 estaba ya carreteando, saltó una alarma de posible incendio en uno de los motores; los pilotos tuvieron que frenar abruptamente la insegura nave, que iba a más de 200 kilómetros por hora, y ordenar la evacuación inmediata de los pasajeros… ¡por los toboganes!
En una entrevista de 2024, Néstor Ríos, entonces director de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes, dijo que en lo que iba del año BoA había cancelado 580 vuelos y retrasado 2.030, afectando a casi 388.000 viajeros. Pese a la crítica de legisladores, pasajeros perjudicados y opinión pública en general, el exgerente de la aerolínea estatal, Ronald Casso, atribuyó las dificultades de BoA a las temporadas altas, pero aquella es obviamente una banal excusa, pues los graves problemas de la aerolínea trascienden épocas altas o bajas. No debería ser necesario llegar a ver una desgracia para que sean tomadas cartas sobre el asunto. En primer lugar, se necesita una fiscalización y una auditoria de la empresa; en segundo lugar, que esta aerolínea deje de monopolizar el mercado de vuelos boliviano.
Pero también es necesario darse cuenta de que no solo hay que responsabilizar al gerente de aquella empresa o a la ATT, sino también al Ministerio de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, que es la institución que tutela a BoA. Edgar Montaño, el jefe de esta cartera ministerial, se ha distinguido más por grabar videos, en los que se lo ve bailando, para sus redes sociales y confrontar a sus enemigos políticos, que por su capacidad profesional.

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