Cuando el sol despliega sus intensos rayos sobre la ciudad, ella se refugia en las sombras que proyectan los paralelepípedos imaginados y creados por los constructores del crecimiento “hacia arriba”. La caprichosa, inverosímil y desafiante topografía de la urbe no ha sido obstáculo para reemplazar, en menos de medio siglo, las agraciadas viviendas de dos plantas y jardines de flores por unas cajas de concreto y fierro que permiten vivir, casi como conejos cuis, a 275 familias en el lugar donde habitaban tres.
Las sombras bañan casi a toda hora las pendientes de la ciudad, pero ella debe recorrerla de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, cada día, con la nostalgia de la ciudad de casas de dos plantas que desaparecen cada día, sin remedio.
Para ella, los modelos de los nuevos habitáculos desafían sobremanera las lecciones que los constructores recibieron en las aulas respecto a la proyección de la sombra. “La caja de fósforos” no brinda mucha sombra por la delgadez de su estructura. “El tecnológico”, que permite soltar el agua del inodoro usando el celular, ofrece una sombra moderada. “Los anchos”, de frontis amplios, brindan sombra al de atrás y al de adelante. La “Cajita con kioskito” son las construcciones que incluyen los anaqueles de dulces por delante, dando sombra chica y sombra grande.
Las cajas de cemento reciben ayuda de los cables sombreadores, que, por su grosor pueden oscurecer incluso 30 cm. En el centro de la ciudad ayudan a la creación de sombra la instalación de sombrillas, chiwiñas y toldos de quienes tienen la responsabilidad de vender golosinas para lograr la mayor cantidad de caries en las bocas.
Ella camina por las sombras, más aún a mediodía, cuando la intensidad de los rayos solares la enceguecen. No le queda más que la nostalgia de la ciudad de casas de dos plantas y jardines de flores. Solo le queda ver como su ciudad es transformada en un espacio de migrantes que deben habitar cajas de cemento que podrán ser calientes, tibias o frías a costa de dar sombra a las calles y, por tanto, a los transeúntes.
La ciudad de La Paz ha elegido el crecimiento urbano vertical por lo que los edificios son levantados permanentemente desde hace unos treinta años, transformando absolutamente el modo de habitarla. Sin embargo, esto no motiva al mejoramiento completo del espacio urbano ya que, a pesar de las nuevas construcciones, la ciudad incrementa su tugurización y la pérdida de calidad debida para los ciudadanos.
La autora es antropóloga.
