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Bolivia, de nuevo país minero-colonial

A lo largo del Siglo XX, Bolivia se caracterizó por haber pasado a ser país minero en sustitución de la condición de país agrario. Esa característica derivó en un problema político y nos convertimos en país colonial, productor de minerales, exportador de materias primas, sin alguna posibilidad de entrar en una etapa de industrialización de otro tipo. Agravando ese estado de cosas, quedamos bajo la hegemonía de una minoría rampante y, en esa forma, el país quedó sometido a un indeseable régimen económico, político, cultural, en pocas palabras en una colonia.

Esa realidad económico-política fue combatida por la población de manera incansable, con el objetivo general de que Bolivia elimine el coloniaje y pase a ser una nación independiente, con un proceso de industrialización de sus riquezas naturales, por parte de los mismos ciudadanos bolivianos y se dé fin a la economía mono productora colonial.

La lucha por ese cambio terminó hacia medio Siglo XX. En efecto, Bolivia pasó de tener la condición de colonia y feudal, a una república soberana y democrática. Su perspectiva histórica había cambiado sustancialmente, siguiendo el sendero de la historia y la voluntad del pueblo. Sin embargo, años después de haber sido instaurada esa nueva realidad, empezaron a perfilarse indicios políticos-partidarios llamados de izquierda, que querían retornar al caduco orden destruido en 1952. Esos indicios se presentaron con intensidad a principios del siglo actual y, finalmente, tuvieron algún éxito al alcanzar la base desde la cual se podría volver a hacer de Bolivia una colonia feudal y destruir todo vestigio de que sea una nación soberana, democrática e independiente, dueña de su propio destino.

Los casos de explotación de litio, hierro, estaño, productos agrícolas, etc., sin industrializar, son patentes manifestaciones de ese estado de cosas. Ese proceso, en una especie de círculo vicioso, al parecer se está reeditando con las mismas características de principios del siglo pasado.  Bolivia vuelve a convertirse en país exportador de materias primas y quedar bajo la influencia de potencias neo imperialistas, lo que podría ser más siniestro que lo ocurrido en cien años y con la gravedad de que ese proceso sigue en marcha. Al respecto, no olvidemos que la historia se repite, pero primero es una tragedia y después una comedia.

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