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Borricos no tan borricos

En una ciudad que tiene un nombre originalísimo, un numeroso grupo de borricos realizó una gran reunión con el objetivo de tratar temas relacionados con su sacrificada forma de vida.
Todos esos orejudos llevaban en sus maletines voluminosos libros, lo que les otorgaba un aspecto de conocedores de leyes o de destacados intelectuales. Algunos de ellos, inclusive, tenían largas melenas y espesas barbas.
Esos borricos líderes decidieron convocar a sus semejantes a una concentración multitudinaria para de una vez decidir su futuro.
Después de un tiempo breve, la convocatoria lanzada a toda la “burreñidad” fue exitosa. Centenares de orejudos lograron reunirse en una amplia avenida y cuando el grupo ya era muy numeroso, iniciaron una bulliciosa marcha hacia el centro de la ciudad de Burrilandia, que ese era su nombre.
La multitud ya era impresionante cuando comenzaron a rebuznar estribillos como “borricos unidos, jamás serán vencidos”, “no a la discriminación”, “borricos al poder”, “no somos tan burros”, etc.
Como ya es tradicional, los manifestantes hicieron explotar cohetillos chinos de contrabando y arrojaron al aire mucha mixtura y serpentina ante la sorpresa de una gran multitud de mirones.
El grupo de borricos rebeldes llegó a un sitio adecuado para estos acontecimientos y fue entonces cuando se iniciaron los discursos. En la mayoría de esas arengas, los dirigentes expresaron la preocupación que tenían porque todos ellos eran utilizados sólo como “burros de carga”, llevando permanentemente en sus espaldas toda clase de bultos con verduras, fruta, leña y especialmente material de construcción como calaminas, ladrillos, puertas, ventanas, listones, etc.
Y así transcurrió el tiempo entre lamentos, protestas y muchas sugerencias, con la esperanza de lograr soluciones para mejorar su triste existencia.
Algunos dirigentes sugirieron la dedicación hacia el estudio y la investigación del arte o de la ciencia; pero, otros dijeron que los borricos no nacieron para esas actividades y que, por lo tanto, había que buscar nuevos objetivos.
Otro asistente dijo que había que dedicarse a la actividad empresarial; pero, surgió la oposición de un joven borrico que expresó su incapacidad para esos emprendimientos porque entonces tendrían que estudiar las tablas de la aritmética y eso era muy difícil.

GRAN CONSEJO
Mucho tiempo transcurrió en deliberaciones hasta que un distinguido borrico que tenía fama de perspicaz, salió a lo alto del escenario y “a relincho en cuello” dio la siguiente sugerencia:
“Compañeros orejudos: estamos perdiendo un tiempo precioso en deliberaciones y más deliberaciones. Es muy difícil luchar contra el destino; así que, seguiremos viviendo nomás como hasta ahora. Entonces, utilicemos un último recurso… ¿por qué no nos dedicamos a la política? Ahí tendríamos un futuro asegurado económicamente, ocuparíamos altos cargos en la administración pública, podríamos salir de pobres, titularnos como nuevos ricos, figurar en los noticieros de televisión y ya no ser más burros de carga”.
El consejo de ese raro borrico pensante fue recibido con mucha alegría porque desde ese momento todos los orejudos anunciaron públicamente su ingreso a la política (o politiquería). Los felices asistentes decidieron marchar por las calles rebuznando reiteradamente “borricos unidos, jamás serán vencidos”, ante la sorpresa de observadores de tan magno acontecimiento ocurrido en Burrilandia.

MORALEJA
En este mundo existen también burros inteligentes.

El autor es dibujante, escritor y periodista.

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