Sonia Contreras Pérez
Jorge Luis Borges (1980) afirmaba que la lectura de clásicos de narrativa podía crear, en el lector, diversidad de estados de pensamiento, además de agilidad en la capacidad de síntesis. La Deducción, una forma de pensamiento directo y parte de la rama de la Lógica, era resultado, según este autor argentino, de lecturas que despertaran la empatía, que es la capacidad de sentir y pensar lo que terceros sienten y piensan; pero el detalle está en saber si esto es cierto y a partir de qué elementos es así.
Para Cassany (1989) la lectura de narrativa y de testimonios despierta la imaginación y, con esto, la forma de pensar en los demás, en quien está contando esa historia o en la historia en sí. Todos los elementos que rodean la historia leída comprometen la complicidad del lector en cuanto a sentir y racionalizar los hechos de los cuales son parte los personajes. Por lo mismo, la capacidad de sorpresa, de verosimilitud y de racionalización del hecho leído, dependerá del nivel de compromiso del lector hacia el texto, para lo cual, un texto sin alma narrativa ni profundidad, no podrá despertar la sensación de complicidad lector-texto-historia, lo cual terminará por no concretar ningún sentido deductivo ni de lógica.
La deducción surgirá cuando se lea un texto coherente, verosímil y entretenido, y con esto la lógica del lector se entrenará a profundidad. Para King (2000) la lectura y la escritura son como una forma de comunicación sin necesidad de recurrir a la palabra hablada: telequinesis, afirma él, porque no depende del lugar ni del momento, solo es un mensaje (libro de narrativa) y un intérprete del mensaje (lector).
En cuanto a narrativa se refiere, muchos docentes tratan de inculcar cierto tipo de lecturas en las y los estudiantes de secundaria. Una de estas, es recomendar lecturas clásicas. Esta técnica, reiterada desde antes de la Ley 1.565 de Reforma Educativa en Bolivia, cambió a lo largo del tiempo, porque las lecturas clásicas no contenían capacidad de énfasis y de adaptación a la realidad coyuntural. Es decir, que muchos de los lectores no estaban enterados del contexto de las lecturas ni de sus coyunturas, un ejemplo específico es leer La Ilíada, de Homero, poema épico que describe un hecho acontecido en la era antigua; quizá el contexto y la coyuntura son ajenos a los lectores, pero sí existe un matiz de coherencia lógica y deducción desde esta obra; el problema es recomendar este libro como primera lectura, en secundaria.
