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Dígamelo en millones

Si a usted le gustan los números en porcentajes (%) permítame decirle que a veces son mejores los números absolutos. Veamos, el caso de quienes aplican encuestas para el solaz de los encuestadores, que se diluyen con porcentajes de nunca acabar.
Hemos conocido una encuesta ejecutada los días ocho y nueve de julio, midiendo porcentajes para tres personajes, dos excandidatos y el tercero un rector. Entre las conclusiones son mencionados tres números relativos: 13%, 6% y 4%, asignándoles tales por cientos como intención de voto a su favor; también se refiere a niveles de opinión favorable con el 25%, 24% y 18%. La pregunta lógica que todos nos hacemos es: ¿esos porcentajes mencionados con relación a qué valor son?, y la respuesta más visible pareciera ser que se refieren a las mil ochocientas encuestas aplicadas como muestra. Sin embargo, como tal muestra, suponemos, es representativa, corresponde ponerse avisados y advertidos, porque en cifras, significan siete dígitos, vale decir millones.
Es bien sabido que las encuestas han sido y seguirán siendo referencia inevitable en la conducta del votante, sobre todo si tenemos en cuenta el dicho “a caballo ganador». Por eso va la sugerencia para todos los casos, y de sobremanera cuando se trate de empresas que tienen buena fama porque anteriormente sus pronósticos fueron cercanos a la realidad final (admirable experticia, profesionalismo y cultura técnica, a veces con años de investigación). Proponemos que sus números porcentuales se vuelvan absolutos, eso quiere decir la exposición de los datos, ahorrándonos ejercicios estadísticos propensos al error; y que nos digan luego, llenos de presunción, que no sabemos interpretar.
A las encuestadoras no les cuesta, porque ya tienen recopilados los tantos por ciento, ¿será mucha molestia? Y luego expresarlo en millones, aunque sea una molestia, ¡dígamelo en millones!; además, tienen la gran ventaja de incluir entre sus preguntas: ¿irá a votar usted el domingo…?
Otro momento importante de análisis para medir la valía de los sondeos que serán públicos, es cuando se registran ante el Tribunal Supremo Electoral, y entre las aceptadas pudieran encontrarse algunas de escasa nombradía, y por tal motivo empiecen las conjeturas sobre el origen clientelar.
Leyendo encuestas, las PASO de la Argentina, encontré diecisiete números expresados en por cientos, de tres encuestadoras. Lo propio está sucediendo en el Ecuador que votará el 20 de agosto.
Volviendo al caso de Bolivia, ya salieron dos encuestas, y vendrán otras; bueno será que, en lugar de desconcertarnos con tanto “tanto por ciento”, está a su alcance, señores: ¡dígamelo en millones! En la anterior elección Arce Catacora sumó 3.3 millones de votos y Mesa Gisbert 1.7 millones.
Dicho de otra manera, concentrémonos en la intención de voto con la pregunta ¿por quién votará usted? Lógicamente serán hechas otras preguntas que apoyen las predicciones e inferencias. De tecnología ni qué se diga, hay algoritmos para todo y también tenemos la IA.
Con fecha más reciente salió otra encuesta midiendo el nivel de felicidad de los bolivianos, son siete números expresados en por cientos, resultado de ochocientas encuestas; ahora nos toca entender con la misma prodigiosidad de sus autores todo el espacio de muestras y demás misceláneas, evitando cualquier “surménage”.
En España ya fue avanzado el sondeo porque las encuestadoras publicaron anticipadamente el número posible de escaños para cada sigla.
En este sentido, el ciudadano debe conocer mejor las características de la encuesta, aclarar, por ejemplo, que una encuesta, es decir una respuesta se puede equipar a tres mil personas, o más. Los electores merecen que se haga tal distinción. (Sigamos los pasos del INE).

El autor es periodista.

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