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Que retorne la paz al Perú

Las noticias provenientes de la hermana República del Perú, tanto del pasado cuánto del presente, proporcionan abundante material, para escribir. Para especular, fundamentalmente, en torno a la historia de ese país. Ya lo hicieron reconocidos pensadores y algunos organismos con representación internacional. En ese marco nos propusimos efectuar algunas consideraciones de interés común. He aquí nuestro empeño:
La sublevación indígena, liderada por Túpac Amaru, en 1780, aproximadamente, exigía “la sustitución del Rey por la del Inca que ellos proclamaban. Lo que era prácticamente imposible” (1), señalaron historiadores. Era “Pedir peras al olmo”, sabiendo que la exigencia no prosperaría. Que el régimen absolutista no revisaría su política depredadora y de sometimiento. No atentaría contra sus propios intereses. Pese a ello la población indígena, se plegó, firme y decididamente, a la inquietud insurreccional, que encabezara aquél.
Ahora ocurre que los movimientos sociales, haciéndose eco de algunas consignas de tipo político, exigen la inmediata restitución de Pedro Castillo, en la presidencia de la República. Pero, previa la renuncia de Dina Boluarte. Que parece, a simple vista y sin ingresar a mayores disquisiciones, poco probable, en la presente coyuntura. Aquél fue removido de sus funciones por haber alentado un golpe de Estado, fallido. Decidió el cierre del Congreso Nacional y otras medidas que no guardaban armonía con los tiempos que se imponen en la región y el mundo. Fue detenido cuando iba en busca de asilo político. Luego de su caída, en Lima, ha sido encarcelado. El pedido parece que no surtirá los efectos que esperan sus partidarios. ¿O quizá es una actitud, meramente demagógica? ¿O encierra algún cálculo político, con miras a las próximas elecciones? Falta saber.
“El nombre de Túpac Amaru producía en los naturales una impresión imponderable” (2), según relata la historia. Sus inquietudes se irradiaron fuera de las fronteras del país andino. E inclusive acá y en la Argentina, surgieron sus seguidores. Y cayó derrotado en Tinta. El nombre del mandatario depuesto repercute, de la misma manera, entre sus congéneres. Pero solamente en el interior del Perú y no trascendió más allá. Cuestionado por amplios sectores y respaldado, ciertamente, por algunos presidentes, que tergiversaron la realidad política peruana. El primero pasó a la historia como el líder, que hizo trastabillar las estructuras de un gobierno expoliador. El segundo como el operador de la dictadura, que, en pleno Siglo XXI, atentó contra la democracia, sinónimo de libertad. Con esta actitud, se hizo el harakiri.
Túpac Amaru, y sus huestes, “se había concentrado en el Cusco” (3) y también en “las cercanías de Puno” (4). Hicieron lo propio quienes defendían al presidente encarcelado.
En suma: ojalá retornen la paz y la cordura al seno del hermano país. ¡Fuerza Perú!

NOTAS
(1) Instituto Panamericano de Geografía e Historia: “Revista de Historia de América”. Editorial Cultvra, Talleres Gráficos, S.A., México. Junio de 1960, número 49, página 117.
(2) Ídem, página 88.
(3) Ídem, página 93.
(4) Ídem, página 85.

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