InicioSeccionesEditorialLa fortaleza del país radica en su pueblo

La fortaleza del país radica en su pueblo

Muchas veces se sostiene que cada país posee fortalezas por los   adelantos armamentistas que tiene; en fin, “son fuertes y poderosos en tanto y en cuanto tengan medios y capacidad de sus ejércitos, posiciones que pueden ser ciertas, siempre que hayan alcanzado todo ello mediante la educación y la cultura que permiten estudios, investigación y capacidad en todo sentido para mostrarse superiores   para la conquista de nuevos territorios y fortaleza para conservarlos”. Esas comunidades, según hayan logrado niveles superiores para mejorar su vida, habrán conseguido crear fuentes de amor, respeto y fortaleza de espíritus capaces de vencer ante cualquier desafío y hacer obras en pro del bien común.

No hay argumento ni arma más poderosa que la verdad, especialmente cuando es usada con honestidad y responsabilidad, cuando no es manipulada y menos cuando se la convierte en instrumento de fines ajenos que puedan convertirse en parte de la mentira, para hacer que la pobreza tenga caras, fines y funciones ajenas a su realidad.   

La pobreza es, pues, el mayor instrumento de la mentira, el dolo, el engaño y resulta medio para agrandar los límites de ese mal que se quiere combatir.

Es, pues, importante que padres de familia, jóvenes y niños comprendan que su fortaleza se encuentra enraizada en su espíritu y en su cuerpo, con la debida fuerza que dan la educación, la cultura y la capacidad necesaria para diferenciar el bien del mal que rodea al país y, sobre todo, los peligros que entraña para ellos su vigencia. Educar, capacitar y fortalecer las mentes y espíritus debe ser misión importante a imponerse; de otro modo, se da ventajas a cualquier mal para que ataque y nos encuentre indefensos.

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