InicioSeccionesOpiniónDel indigenismo al ambientalismo, la mutación de piel del “jefismo”

Del indigenismo al ambientalismo, la mutación de piel del “jefismo”

Hecho número uno: La veta del discurso indigenista está agotada, al menos para el desgastado y repetitivo electo teatral que por quince años sostuvo en cartelera la parodia “Evo Morales: líder del mundo indígena”. Lo aimara, que Evo de principio subalternizó para favorecer a los Quintana y los García Linera, y al final reemplazó por los Cronembold y los Dockweiler, ha cobrado venganza histórica y hoy promueve a un genuino indio aimara para su reemplazo como líder del MAS: David Choquehuanca.
La genuinidad política de Choquehuanca deja expuesta la larga impostura del indigenismo-campesinismo cocalero, eso que el vicepresidente llamó en su discurso llunkerío y su asesor viceministro Freddy Bovarin bautizó en su censurado artículo como “jefismo”.
Hecho numero dos: Como todo buen parásito, el entorno del “jefazo” ha decidido cambiar de huésped y se ha movido del gastado discurso del color de piel y el desarrollismo alternativo al prometedor espacio discursivo de la política verde. Total, lo que había que preservar son sus condiciones de acumulación y la izquierda vive de intermediar, a cambio de una jugosa tajada, en fondos de cooperación que poco o ningún resultado producen, pero enriquecen a esas elites.
Una buena parte del círculo rojo evista, ese primer cinturón de intereses/lealtades alrededor del cacique de Lauca Ñ, estuvo compuesto por la facción de cierta aristocracia de izquierda dedicada al negocio de captar cooperación internacional a través de una macro red de oenegés, que de explotar el tema indigenista/rural con el MIR de Jaime Paz y el MBL de Antonio Araníbar terminaron pegadas como rémoras al vicepresidente García Linera.
En Cochabamba es donde más nítidamente se percibe esa mutación que salió a la luz a raíz de la controversia entre el alcalde Reyes Villa y un grupo de “ambientalistas”, coincidentemente compuesto por actores ligados a la cúpula del MAS evista, que se oponen a que la ciudad recupere un museo municipal patrimonial al que una lucrativa red de ONGs de izquierda de clase acomodada desangra como parásitos hace 20 años.
Los “padrinos” de las oenegés izquierdistas siempre tuvieron la sede de sus operaciones en el valle y siempre usaron a la universidad pública, la prefectura y las alcaldías para lograr personerías, licencias y permisos ambientales para sus operaciones, sin embargo durante el doble-septenato evista y con Cochabamba bajo control o de alcaldes promasistas como Terceros y Castellanos, o peor, víctima de la mediocridad y debilidad de Leyes y sus llantas de auxilio, ese oenegismo debilitó, perforó e infiltró la institucionalidad local.
El “jefismo” en Cochabamba hoy se disfrazó de ambientalismo. Por si Reyes Villa no lo ha percibido, el siguiente nivel de interpelación política de la clase media desde la izquierda-hípster se llama a sí misma “ecologismo”. Pensando que defienden lo verde, incluso las plataformas que combatieron al narco autócrata se entregan sin entenderlo al evismo que solamente cambió de razón social.
Conclusión: Acorralado por su cada vez más clara vinculación con el narco, Evo y su sector ya no son un buen anzuelo para captar ningún tipo de cooperación internacional, en consecuencia, su sanedrín necesita una nueva denominación. La nueva forma se llama Partido Verde y la nueva doctrina ambientalismo, pero sus acólitos son la misma burocracia desempleada del garcialinerismo y su religión sigue siendo el aborrecible “jefismo”.

Luis Felipe Dorado Middagh, Diputado Nacional, legislaturas 2009-2014 y 2014-2020.

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