En la colonia en el Alto Perú (donde está hoy Bolivia), la corona española “encontró en la altiplanicie andina lo que más le interesaba por sus propósitos: minas y siervos” (Luis Peñaloza). Su objetivo supremo de la explotación minera reposó sobre el trabajo obligatorio del indio, llamado la mita, de características esclavistas. El famoso Cerro Rico de Potosí la nutrió de ingentes recursos, provenientes de la intensiva y caótica explotación de la plata.
Según el irlandés John Pentland (1827), entre 1545 y 1824 (280 años) el Cerro de Potosí produjo 35.578 toneladas métricas finas (TMF) de plata, mientras que el nacional Gastón Arduz para el mismo período indica una producción de 30.637 TMF. Para un precio actual de la plata de 25 $us/onza troy significaría un valor de 28.600 millones de dólares (M$us), tomando la producción de Pentland. En los inicios de la colonia la plata acaparó las exportaciones y luego el oro tuvo alguna importancia. Desde 1556 a 1736 se tributó a la corona el “quinto real” (20 % de la producción de plata) y luego por el empobrecimiento del cerro, el “diezmo real” (10 %).
A fines de la colonia e inicios de la república, el Cerro de Potosí estaba en franco agotamiento y más bien surgieron otras minas argentíferas más pequeñas como Porco, Ocurí, Hedionda, Tatasi, Chocaya, San Vicente Santa Isabel, Colquechaca, etc., y algunas auríferas como Amayapampa, Capacirca, Esmoraca, Tipuani, Suches, etc.
Según Pentland, las exportaciones de Bolivia en 1826 sumaron 3.613.750 $us, de las que la plata representó el 73 %, el oro 22 %, estaño 2 %, corteza peruana 2 % y varios 1 %. William Lofstrom (1991) indica que en 1864 las exportaciones estaban constituidas por cobre 53 %, plata 42 %, guano 3 %, y estaño 2 %. A pesar de que el cobre y el guano (56 %) provenían del litoral boliviano, los Gobiernos no dieron importancia a esta región, que nos fue arrebatada por Chile en 1879, donde además del salitre (causa de la guerra), estaban las dos minas de cobre más grandes del mundo Chuquicamata y la Escondidas y el mayor depósito evaporítico de litio, potasio, etc., en el Salar de Atacama, que indudablemente hubieran mejorado enormemente la economía boliviana.
En la segunda mitad del Siglo XIX, de lejos la empresa más importante del país fue la Compañía Huanchaca de Bolivia con su mina Pulacayo, que representaba aproximadamente el 50 % de la producción nacional. Su producción de plata fue subiendo de 48 TMF en 1878 a 388 TMF en 1895. Contribuyó a ello el ferrocarril Antofagasta-Pulacayo, inaugurado en 1878. Su mayor accionista, el ex presidente Aniceto Arce, con su propio dinero construyó el ferrocarril Uyuni-Oruro, inaugurado en 1892, que fue de fundamental importancia para el desarrollo de la minería estañífera.
La caída del precio de la plata en 46 % entre 1880 y 1900 y la subida del precio del estaño en 53 % en el mismo período, dieron lugar al inicio del Siglo XX a la era del estaño y otros minerales. En 1900 Simón Patiño descubrió la fabulosa veta La Salvadora, con 2 metros de ancho y 50 % de estaño, que rápidamente lo convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Entre 1925 y 1952, la minería representó el 95 % (estaño 76 %) y la agricultura 5 % de las exportaciones nacionales. La “Gran Minería”, compuesta por Patiño, Mauricio Hochschild (alemán) y Carlos Víctor Aramayo, llamados también los “Barones del Estaño”, entre 1940 y 1950 representaron el 78 % de las exportaciones del país. Su enorme poder económico se tradujo en poder político, lo que entre 1900 y 1940, les permitió pagar un exiguo 7,7 % del valor de sus exportaciones, a pesar de trabajar minas inmensamente ricas que hoy son solo historia.
La nacionalización de la Gran Minería en 1952 dio lugar a la formación de la Corporación Minera de Bolivia. Entre 1952 y 1959 la minería representó el 94 % de las exportaciones totales, con un insólito máximo histórico de 99,2 % en 1954. Siguió su declinación y entre 1960 y 1969 representó el 77 %, entre 1970 y 1979 el 71 %, entre 1980 y 1985 (en octubre se derrumbó el precio del estaño), el 50 %.
Según fuentes oficiales, desde 1980 los tres sectores grandes exportadores: tradicionales, compuesto por minería (MIN) e hidrocarburos (HID) y no tradicionales (NT), compuesto por soya, quínua, joyería, castaña, etc., tuvieron la siguiente participación. Entre 1980 y 1982 MIN continuó liderando las exportaciones con 56 %, hidrocarburos con 32 % y NT con 12 %. Entre 1983 y 1987 por la exportación de petróleo a Chile HID representó el 51 %, MIN 40 % y NT 9 %. MIN retomó la punta entre 1988 y 1993 con 47 %, NT 29 % e HID 24 %. Solo en 1994 NT líderó con 50 %, MIN 40 % e HID 10 %.
En la mayor bonanza económica del país, debido al tremendo incremento de precios de los productos básicos (commodities), entre 2005 y 2015 HID sumó 41.941 millones de dólares (M$us), que significó el 49 %, con un máximo histórico de 6.683 M$us en 2013, MIN 26.250 M$us (31 %), un máximo de 3.744 Mus en 2012) y NT 16.855 M$us (20 %), con un máximo histórico de 2.493 M$us en 2013, con un total de exportaciones en el período de 85.914 M$us. Entre 2016 y 2021, MIN recuperó el liderato con 48 %, con un máximo histórico de 5.881 M$us en 2021 por los elevados precios de los metales, HID 30 % y NT 22 %. Preocupa el que en 2021 NT (2,711 M$us) superó a HID (2.344 M$us), de muy lejos el sector que más tributa en relación con el valor de exportación.
En suma, en 197 años de vida republicana, MIN lideró las exportaciones en 180 años, HID en 16 años y NT 1 año. MIN mantendrá su privilegiada posición mientras duren los altos precios de metales. Si bajan, enfrentará una tremenda crisis porque desde 2009 no hubo una sola operación nueva y a corto o mediano plazo ninguna se vislumbra.
Exportaciones nacionales
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