El sistema financiero puede impulsar la recuperación al canalizar el ahorro hacia proyectos que promuevan la diversificación productiva, la inversión y el empleo. En el actual contexto, la banca enfrenta el desafío de gestionar su liquidez y solvencia, atender las necesidades de financiamiento empresarial y evaluar reprogramaciones para prestatarios con dificultades.
Las utilidades del sistema financiero en Bolivia representan una alícuota del 25% del Impuesto sobre las Utilidades de las Empresas (IUE) y una alícuota adicional del 25%, lo que representa una carga tributaria nominal del 50% sobre las utilidades imponibles. Este impuesto es uno de los más altos del mundo.
Según información de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), a julio de 2026 la cartera de créditos del sistema bancario alcanzó aproximadamente Bs 212.800 millones, con un crecimiento interanual del 3,9%; los depósitos llegaron a Bs 246.700 millones, un 17,8% más. Estas cifras reflejan la importancia de la intermediación, aunque los depósitos no están íntegramente disponibles para nuevos préstamos, pues deben preservarse la liquidez y las exigencias regulatorias.
En 2021, según la ASFI, la cartera financiera creció 4,1%, hasta Bs 199.380 millones, y los nuevos desembolsos sumaron Bs 78.271 millones, un 39,4% más que en 2020. La manufactura recibió Bs 1.600 millones mensuales en nuevos créditos y el microcrédito apoyó a pequeñas unidades económicas tras la pandemia.
En 2022, la cartera aumentó 7,7%, hasta Bs 214.753 millones, y los depósitos llegaron a Bs 224.040 millones, con un crecimiento del 6,1%. En 2023, la cartera bajó a Bs 213.726 millones. Luego se recuperó: alcanzó Bs 222.365 millones en 2024, un 4% más, y Bs 229.576 millones en 2025, un crecimiento del 3,2%. Entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025, aumentó Bs 30.196 millones, equivalente al 15,1% nominal.
A diciembre de 2025, los créditos productivos sumaron Bs 110.837 millones. En marzo de 2026, alcanzaron Bs 112.114 millones y los créditos a unidades económicas, Bs 153.995 millones; el financiamiento productivo representó el 48,5% de la cartera total. En el primer semestre de 2026, la cartera financiera nacional llegó a Bs 234.269 millones, cifra de distinta cobertura y periodo. Para calcular la participación de las unidades económicas a junio, se requieren datos de esa misma fecha.
La dimensión de activos y fiscal de la banca también es relevante. A diciembre de 2025, el sistema bancario registró depósitos por aproximadamente US$ 31.985 millones, créditos por US$ 30.213 millones, patrimonio de US$ 3.585 millones y utilidades de US$ 540 millones. Además, los pagos de impuestos del sector de servicios financieros aumentaron Bs 1.314,1 millones entre 2024 y 2025 más del 50% de utilidades de la banca, un 28,1%, según información atribuida al Servicio de Impuestos Nacionales. Este dato comprende al conjunto de los servicios financieros, no solo a los bancos.
El financiamiento productivo es uno de los principales canales por los que la banca puede apoyar la recuperación. Se puede fortalecer líneas para capital de trabajo, maquinaria, modernización tecnológica y nuevas inversiones.
Entre los instrumentos disponibles están el refinanciamiento y la reprogramación de créditos, el factoring y descuento de facturas, el leasing y los warrants o bonos de prenda, que permiten respaldar operaciones crediticias con mercancías almacenadas. También pueden contribuir las líneas del Banco de Desarrollo Productivo (BDP) y los recursos de organismos multilaterales canalizados por la banca local o el BDP.
El desafío es articular banca, empresas y autoridades para impulsar el crédito, la inversión y la producción. La banca puede canalizar el ahorro hacia proyectos viables que generen actividad y empleo, contribuyendo a la recuperación económica.
La disponibilidad de dólares es clave para el sistema financiero y la recuperación económica. El BCB debe garantizar la devolución de los depósitos en dólares y restablecer su disponibilidad mediante reglas claras y transparentes sobre el uso de las reservas internacionales.
Debemos restablecer el uso del dólar en los depósitos y créditos, generando las condiciones necesarias para recuperar la confianza de los depositantes y permitir que las personas y las empresas puedan mantener cuentas de ahorro en dólares y acceder a préstamos en esa moneda. Esto contribuirá a recuperar la normalidad y fortalecer el funcionamiento de un sistema financiero.
El sistema bancario es un pilar de la inversión privada. Para aprovechar su potencial, será fundamental compatibilizar la estabilidad financiera con una mayor respuesta a las necesidades de empresas y productores.
El autor es economista, Académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
