Desde que Rodrigo Paz asumió la presidencia de Bolivia, se ha estado escuchando palabras como Patria, Bolivia, diálogo y otros, con buenas intenciones para desarrollar su gestión con el respaldo necesario y sin mayores dificultades. La palabra diálogo significa entablar charlas para resolver problemas, allanando piedras en el camino y avanzando con rapidez.
Sobre la actual crisis en la que se encuentra el país, todavía no se ha encarado las verdaderas causas de su origen, solo se da atención a los efectos, lo que, como es sabido, no es lo mejor. Y es que solo atacando las causas de la crisis, económica y política, en particular, se puede avanzar.
Pero pareciera que Bolivia sufre un estado de crisis permanente y en cada oportunidad, el remedio resulta siendo peor que la enfermedad, pese a los esfuerzos de las partes en conflicto. Con regularidad, se presentan problemas de menor tamaño que son resueltos fácilmente y en forma definitiva. Pero otras veces, esos problemas no se resuelven en el fondo y terminan empeorando, sin que sean vislumbradas soluciones definitivas. En algunos casos se logra calmar la tempestad, por algún tiempo.
Sin embargo, cuando no se hace un tratamiento profundo de los problemas, vale decir buscando las causas que los provocaron, la crisis vuelve con más energía y hasta con mayor violencia. En tal caso solo con el diálogo no se consigue buenos resultados, pese a los esfuerzos desplegados, por lo que aumentan los daños que las confrontaciones le hacen al país, que hoy, además, está en recesión económica.
El diálogo es, pues, necesario para resolver conflictos de manera pacífica, siempre que se actúe con seriedad y no se busque únicamente soluciones parciales, por tanto temporales. Y si por la falta de diálogo no son obtenidas soluciones de fondo, vuelve la crisis con peores consecuencias.
En efecto, los pequeños problemas, pueden pasar a otro nivel, a una escalada de conflictos que originan antagonismo radical entre grupos sociales, lo que solo se arregla con grandes sacrificios o, finalmente, por la vía de la violencia. En tal nivel de antagonismo, las exhortaciones para volver al diálogo, inclusive por parte de organismos externos, es muy difícil que tengan éxito. Los llamados al diálogo pueden servir para solucionar conflictos menores, pero ya no son escuchados cuando se llega a una escalada de antagonismo enconado.
En esa forma, la crisis permanente en que se encuentra Bolivia continuará con el mismo ritmo. Esa situación no es solo del gobierno actual, viene de hace mucho tiempo y posiblemente dure muchos años más, debido a que no se ataca el origen de la crisis. De esa manera, la historia se repite en periodos de gobierno, algunos de los cuales duran solo algunos meses. Parece que se ha convertido en una ley. Es decir, teniendo en cuenta que cuando un fenómeno se repite muchas veces, se convierte en ley, como la ley de gravedad.
El diálogo es un buen camino para hallar soluciones, pero debe ser llevado en forma seria y según las circunstancias.
