Desde mucho antes del 2023, ya veníamos machacando con esta idea, que no era un simple sueño de locos, sino una necesidad sentida en las venas de nuestro norte boliviano, que tanto necesita oxígeno para su economía y su gente. Por eso cuando empezamos a hacer pública esta idea, esta iniciativa vial de integración y progreso para el norte amazónico boliviano, muchos nos miraban con ese gesto de quien no termina de creer. Pero seguimos firmes como los viejos arboles de Motacú que no se doblegan con el viento, porque estábamos seguros, firmes con el pensamiento de que esta ruta, una vez habilitado el paso fronterizo de Extrema Bolivia – San Lorenzo Perú, será utilizada de manera regular como una arteria principal que unirá el este con el oeste, el Atlántico con el Pacífico, en una integración total trinacional entre Brasil, Bolivia y Perú. Y ese corredor que hemos bautizado como “Corredor Amazónico Norte de Integración”, que no es un invento político de escritorio en la Sede de Gobierno, sino una apuesta sería de profesionales benianos amazónicos destacados, que apuestan por el despegue definitivo de su región, que históricamente ha sido olvidada.
Por eso, cuando nos enteramos de la reunión bilateral entre Bolivia y Perú efectuada en Desaguadero, donde se trató este tema con la seriedad que se merece, no pudimos evitar sentir ese cosquilleo en el estómago, al ver que se pone en vigencia el paso fronterizo de Extrema – San Lorenzo, que ya no es solo una idea, es una realidad que avanza y que impulsa el Corredor Amazónico Norte de Integración con fuerza. Nos llena de esperanza, pero obviamente con los pies bien puestos sobre la tierra, porque estos no son simples anuncios para llenar las páginas de los periódicos ni discursos bonitos para las cámaras, son los cimientos de una nueva geografía comercial sudamericana que va cambiar el mapa de los negocios en el continente.
Imaginemos este corredor funcionando, ingresando desde Brasil por Guayaramerín atravesando el norte del Beni pasando por Riberalta, cruzando medio Pando hasta conectar con Extrema, uniendo de manera efectiva el Atlántico con el Pacífico. Y veremos en el horizonte próximo que será como abrir una ventana enorme al mundo para nuestra producción, y la de los vecinos geográficamente unidos. Lo bueno hay que reconocerlo y por eso aplaudimos estos avances integradores, pero con la mano en el corazón y los ojos bien abiertos, esperamos que no quede solo en palabras bonitas ni en protocolos olvidados, porque de esos estamos cansados los benianos, los pandinos y los bolivianos, de promesas que se las lleva el viento.
Y por eso debemos exigir que la integración se profundice más allá de las firmas y los apretones de mano y se ejecute en terreno, especialmente en el ámbito logístico y portuario, que es donde se mueve la carne al asador. Es el momento de explorar con seriedad la renovación del acuerdo de Ilo, que tanto bien nos hizo en su momento. Aprovechar las concesiones cedidas por el Perú que son una oportunidad de oro y potenciar también los puertos de Ilo, Matarani, Corío y el nuevo Mega Puerto de Chancay que promete ser el gigante del Pacífico. Sin descuidar otros temas, como la Zona Franca de Tacna e Industrial de Ilo en el Perú, así como la habilitación de espacios portuarios para Bolivia en Porto Velho, Manaos y Belén, efectivizando los compromisos bilaterales con el Brasil.
Todos estos puntos estratégicos deben articularse de manera eficiente con el flujo del corredor amazónico para potenciar el comercio exterior boliviano y que nuestra soya y la de nuestros vecinos, así como la castaña, y todo lo que producimos tenga salida al mundo sin tanto intermediario que se queda con la mejor parte. La frontera debe de dejar de ser ese límite geográfico que nos separa y nos limita, para convertirse en el punto de partida de una prosperidad compartida de vecinos asociados y hermanos. Este nuevo horizonte exige compromiso permanente de todos los sectores productivos y políticos, desde el pequeño productor hasta el gran exportador, desde el Alcalde del pueblo hasta el Presidente, porque la verdadera integración no es un discurso, es trabajo diario, es sudor y esfuerzo, es resultados concretos que beneficien a nuestros pueblos que han esperado décadas.
Por eso debemos avanzar unidos como si remáramos en una canoa contra la corriente y consolidar definitivamente este camino hacia el desarrollo integral de tres países, porque si algo hemos aprendido los que vivimos en este norte amazónico profundo es que el progreso no llega solo, hay que buscarlo y cuando lo tenemos en frente, no hay que dejarlo escapar. Así que ahora que tenemos el viento a favor y las voluntades alineadas, es momento de empujar con todas nuestras fuerzas para que el Corredor Amazónico Norte de Integración sea una realidad tangible y el despertar de la fuerza trinacional.
El autor es Abogado e Investigador.
