Por: Yara Alejandra Calderón Pereyra
Pensamos que las adicciones tienen que ver con hacer muchas compras, el alcohol, los juegos desenfrenados, etc. Pero en este último tiempo ha surgido el doomscroolling, que es el nuevo hábito adictivo de buscar, leer y desplazar hacia abajo de forma compulsiva la pantalla del celular consumiendo noticias negativas, trágicas o alarmantes en internet y redes sociales, a pesar de que este contenido resulte estresante perturbador o deprimente.
Revisamos el celular y de pronto nos impacta una noticia catastrófica en alguna parte del mundo, un live de un usuario que es espectador y nos comparte en vivo la noticia, enganchándonos en un bucle repetitivo, como si fuese una miniserie de hechos que se están suscitando en tiempo real, y no solamente son malas noticias, sino que nos generan pánico, miedo y ansiedad.
A nivel cognitivo, cada titular apocalíptico actúa como una falsa alarma de incendio en nuestro cerebro, que está diseñado para reaccionar ante amenazas inmediatas como el ataque de un depredador, no distingue entre un peligro real a metros de distancia y una tragedia ocurrida a diez mil kilómetros. Al permanecer atrapados en este ciclo, sometemos a nuestra psique a un estado de hipervigilancia continua. La mente se satura de alertas y el campo bioenergético, que es esa sutil red de vitalidad que nos sostiene, se resquebraja, dejándonos expuestos y extenuados.
Esta intoxicación no solo es digital, sino también emocional, y trasciende lo mental. Ante la amenaza constante, las glándulas suprarrenales bombean cortisol y adrenalina sin descanso. El cuerpo, preparado para huir o luchar, nunca encuentra el momento de reparar sus tejidos. Esta sobrecarga hormonal continua, desencadena una respuesta biológica devastadora: la inflamación física real. La ansiedad de deslizar el contenido de la pantalla, se traduce en migrañas, trastornos digestivos, insomnio y un sistema inmunitario debilitado. Nos hinchamos por dentro, y nos ponemos “enfermos” de malas noticias.
Para evitar la sobreestimulación digital en el campo energético, sistema nervioso y nuestra vitalidad, debemos mantener nuestra armonía bioenergética, lo cual no significa dar la espalda a la realidad, sino simplemente elegir no morir por ella. Para llevar esto a la práctica podemos empezar realizando acciones concretas.
Rediseño del entorno digital
Desactivar la notificaciones y alertas no esenciales, de aplicaciones de noticias y redes sociales.
Establecer espacios libres de pantallas en la mesa durante las comidas y en el dormitorio antes de dormir.
Limitar el tiempo de exposición, asignando un tiempo fijo al día (por ejemplo 15 o 20 minutos por la tarde) evitando informarse durante la primera hora de la mañana o la última de la noche
Sustitución de conductas e higiene mental
Se debe identificar el detonante emocional, que nos lleva a deslizar la pantalla compulsivamente, que generalmente suele ser una respuesta automática al aburrimiento, la fatiga o la ansiedad. E inmediatamente sustituir la pantalla por una acción física rápida (pararse, estirarse, beber agua, cambiar de habitación)
Fomentar los formatos de lectura larga, interesante e instructiva, en lugar de títulos cortos y comentarios en redes sociales, reduciendo el impacto del sensacionalismo
Reemplazar el tiempo de pantallas con actividades que requieran atención completa y trabajo manual o físico
Cuidar lo que consumimos visual y emocionalmente, es una necesidad de autocuidado y preservación mental.
Sobre la autora: Es Comunicadora Social, Coach Empresarial, Consultora Tech, Especialista en Marketing Digital y Contenidos Multimedia; y Terapeuta Holística e Integrativa.
