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Neurociencia aplicada

Impacto directo de tu postura en el cerebro

Por Yara Alejandra Calderón Pereyra

Nos encontramos en una época  inclinada a los logros y expectativas, en la cual la digitalidad nos ha llevado a una cotidianeidad, condenando y relegando  el cuerpo al sedentarismo, y a una silla,  olvidando   su lenguaje  y morfología.

Los últimos hallazgos en neurociencia, demuestran  que el cerebro entre sus múltiples funciones, registra continuamente la alineación de nuestra espalda,  tensión en los hombros y expresiones físicas. La postura que adoptamos le dice al  cerebro cómo debe sentirse y responder ante el mundo. Surge así la propiocepción, un GPS interno compuesto por una red de señales constantes de nuestros músculos y articulaciones que informan al sistema nervioso central a cada momento dónde estamos, cómo nos sostenemos y cuál es nuestro estado emocional.

Nos enseñaron que el cerebro manda y el cuerpo obedece, pero los nuevos descubrimientos revelan que la postura y los gestos modelan la arquitectura de las emociones. Cuando nos encorvamos, cerramos el pecho y dejamos caer la mirada, los receptores del cuerpo envían señales traducidas como gestos de derrota o vulnerabilidad, acelerando la fatiga y activando pensamientos negativos. En cambio, enderezar la columna estimula la corteza prefrontal, alterando la química cerebral y generando claridad mental, memoria de trabajo y autorregulación del estrés.

Asimismo, el rostro envía señales constantes de alarma o calma. Mantener el ceño fruncido por fatiga visual o concentración intensa hace que el cerebro interprete que hay una amenaza cerca, estresándose. Relajar los ojos, la mandíbula y los músculos faciales disminuye inmediatamente esa sensación de alerta.

La próxima vez que te sientas atrapado divagando en tu mente, no intentes resolverlo pensando  o trabajando más, realiza estos pequeños ejercicios.

5  hábitos sencillos  para el día a día

La regla de los 45 minutos: Cada tres cuartos de hora, ponte de pie unos segundos, siente la planta de tus pies contra el suelo.  Extiende la columna sin rigidez. Estírate o camina para romper el bucle de cansancio mental.

Ajusta tus pantallas: Coloca el monitor o el celular a la altura de tus ojos para evitar inclinar el cuello de forma continua.

Afloja la mandíbula: Al terminar una tarea difícil, nota si estás apretando los dientes o el ceño;  y procede a relajarlos .

Respira profundo con el pecho abierto: Al enderezar la espalda,  darás espacio a tus  pulmones para respirar mejor, lo que frenará las pulsaciones y tranquilizará la mente.

Despeja la mirada: Mira hacia una ventana a lo lejos descansando la mirada. Cierra y cubre los ojos suavemente con la palma de las manos, y  piérdete en una imagen relajante.

Escuchar y cuidar la postura no reemplazará un tratamiento médico o terapias,  pero  es una herramienta gratuita y al alcance de todos. Cambiar la posición de tu cuerpo es el camino más rápido para transformar lo que pasa por tu  mente.

Ya lo dice el aforismo “No lloramos porque estamos tristes; estamos tristes porque lloramos”, y la neurociencia lo confirma: no te encorvas solo porque tu mente esté extenuada, sino que tu mente se agota porque tu cuerpo permanece encorvado.

Cuando cambias la postura, cambias la emoción. Estar erguido no hace desaparecer los problemas instantáneamente, pero cambia la química cerebral con la que elegimos enfrentarlos, e inevitablemente transformas tu realidad.

Sobre la autora: Es Comunicadora Social, Coach Empresarial,  Consultora Tech, Especialista en Marketing Digital y Contenidos Multimedia; y Terapeuta Holística e Integrativa.

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