Por. M.A. Cecilia Vania Burgoa Diaz
Cada vez somos más conscientes de la importancia de movernos. Caminamos, corremos, levantamos pesas o asistimos a una clase pensando en cuidar nuestra salud física y mental. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos algo más elemental: ¿Cómo nos hace sentir el lugar donde entrenamos?
Un gimnasio no es solamente un conjunto de máquinas delimitado por cuatro paredes. Es un espacio que respiramos, escuchamos, recorremos y observamos. La temperatura, el aire, la iluminación, el ruido, la cantidad de personas, las vistas o incluso la distancia entre los equipos forman parte de nuestra experiencia mientras hacemos ejercicio.
Una investigación realizada por Won Yong Jang y Sang Yeol Baek con usuarios de centros fitness en Seúl concluyó que disponer de suficiente espacio para ejercitarse resultó más importante para los usuarios que contar con un interior simplemente atractivo. La limpieza, la ventilación y el confort ambiental también ocuparon un lugar relevante.
Esto invita a reconsiderar qué entendemos por un gimnasio bien diseñado. No necesariamente es aquel que tiene los acabados más llamativos, luces de colores o grandes superficies cubiertas de espejos. Un buen espacio también debería permitirnos movernos con libertad, respirar adecuadamente y sentirnos cómodos.
Las ventanas son otro ejemplo. En 2025, Jiaxin Chen y otros investigadores compararon la experiencia de personas que entrenaban en gimnasios con y sin vistas al exterior. Encontraron resultados favorables cuando los participantes podían mirar hacia afuera, especialmente en aspectos relacionados con el confort y algunas sensaciones de fatiga.
En este entender, correr frente a una ventana que permite mirar árboles, montañas o simplemente la ciudad puede sentirse diferente a hacerlo frente a una pared. La ventana deja de ser solo una fuente de luz y se convierte también en parte de nuestra experiencia de bienestar.
Algo similar ocurre con el aire. Durante el ejercicio respiramos con mayor intensidad. Por ello, resulta contradictorio encontrar espacios dedicados a la salud que sean cerrados, poco ventilados o excesivamente saturados. Investigaciones sobre instalaciones deportivas interiores advierten precisamente sobre la importancia de considerar conjuntamente ventilación, temperatura, iluminación y sonido.
Incluso los espejos merecen una reflexión. Son útiles para corregir posturas, pero no necesariamente deberían ocupar todas las paredes. Diseñar para el bienestar también implica preguntarnos cuándo un elemento realmente aporta y cuándo simplemente responde a una costumbre.
La arquitectura y el diseño interior no reemplazan al ejercicio, pero pueden acompañarlo. Si acudimos a un gimnasio buscando sentirnos mejor, resulta lógico preguntarnos si el propio espacio contribuye a ese propósito. Porque cuidar la salud no consiste únicamente en contar repeticiones, kilómetros o calorías. También importa el lugar en el que decidimos cuidar de nosotros mismos.
