Los transeúntes y los pocos turistas que aún llegan al país, muestran sorpresa al ver la enorme cantidad de comerciantes callejeros y tiendas comerciales, particularmente en las ciudades. En La Paz, casi en cada cuadra se observa puestos de venta de alimentos y artículos de todo tipo. Personas están sentadas en las aceras y puertas de algunos edificios, inclusive frente al Palacio de Gobierno, la Casa Grande del Pueblo, la Alcaldía, el Palacio Legislativo y otros.
En pocas palabras, es posible afirmar que con permiso oficial, en muchos casos, se asientan en esos lugares vendedores de chucherías y alimentos, aparte de otros comerciantes ambulantes que, a falta de sitio, transitan ofreciendo hasta los productos más inverosímiles que podamos imaginar.
La urbe paceña, por ejemplo, se ha convertido en un “miamicito”, mercado popular que hace competencia al comercio legal o que se ha asentado con autorización municipal, perjudicando el paso de los ciudadanos, bloqueando las aceras, perjudicando, inclusive, el paso de los motorizados privados o públicos.
Ese comercio de los cuentapropistas está formado principalmente por gente pobre, o que ha perdido sus empleos y no tiene dónde más trabajar ni posibilidades para migrar. Por su necesidad de obtener dinero, compra artículos diversos para revenderlos. Pero ofrecen esos productos con recargos para obtener ganancias que dependen de la demanda diaria de los consumidores. En esa forma, practican un comercio ilegal, que hace la competencia desleal al comercio legal que paga impuestos y alquileres por los recintos que ocupa.
Se calcula que solo en La Paz hay alrededor de 499 mil vendedores callejeros en calles y ferias, en verbenas, fiestas de barrios, en fin, en toda ocasión en que puedan vender lo que ofrecen. Sin embargo, muchos solo ganan para comer el pan del día.
Ese fenómeno comercial se origina con la migración del campo a la ciudad, por cierre de fábricas, desempleo, crecimiento de la población y fomento de autoridades que quieren cobrar impuestos para atender necesidades burocráticas. Es difícil explicar todos los alcances de este mundo de pequeños comerciantes, ya que se han organizado en un gremio de millones de participantes, que tienen ahora influyente poder político.
Estos gremiales, como otros, también forman sectores en los que algunos se enriquecen, mientras muchos fracasan, pierden todo lo que tienen y pasan a formar parte de los desempleados o se convierten en choferes asalariados. Algunos logran comprar motorizados para usarlos como taxis, cuando escasea la gasolina.
En términos generales, el problema no tiene solución, pues solo se conoce buenas intenciones o mensajes que se lleva el viento, más aún cuando entran al terreno político. El problema del aumento del desempleo ha sido agravado por los gobiernos del MAS, a pesar de haber recibido enorme cantidad de dinero por la venta de gas hace algunos años. Hoy la población espera que el actual gobierno encare de mejor manera este asunto.
Más vendedores que compradores
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