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El puerto de Cobija visto por un diplomático británico

José E. Pradel B.

Conocido por la historiografía por haber sido edecán del Libertador Simón Bolívar y por suscribir el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre la Confederación Perú-Boliviana y el Reino Unido en Lima, el 5 de junio de 1837, el coronel Belford Hinton Wilson dejó un importante testimonio de su paso por el puerto de Cobija. Los días 4 y 5 de marzo de 1833, mientras viajaba a bordo del buque de guerra de S. M. B. ‘Tyne’ con destino a Lima para asumir la representación diplomática británica, permaneció brevemente en aquel puerto y redactó una detallada descripción del mismo, de la cual destacaremos algunos aspectos relevantes.
Titulado “Memorándum sobre el puerto de Cobija o La Mar”, el informe de Wilson comienza con: “Cobija, conocido antes como La Mar, es el único puerto que pertenece a la República de Bolivia. Situado en el desierto de Atacama, su latitud es de 22.33.29 sur, determinada por la altitud meridiana, y su longitud, según el cronómetro, es de 7.20.30 al oeste de Greenwich”. De manera igualmente reveladora, el diplomático británico señala que en marzo de 1827, arribaron a Cobija doce mecánicos ingleses para erigir un poblado, observación que pone de manifiesto los tempranos esfuerzos por consolidar el desarrollo urbano del puerto. La revisión de la prensa contemporánea permite corroborar la constante presencia de embarcaciones británicas en aquellos años. Así, entre fines de 1829 e inicios de 1830 se registró el arribo de los bergantines ingleses ‘Inca’, al mando de Juan Liccon; ‘Arab’, capitaneado por Tomás Albesden; y el ‘Tiber’; además de la corbeta de guerra S. M. B. ‘Alberta’, armada con veinte cañones.
Al referirse al clima y a las características del territorio, Wilson anotó: “…aseguró que hay siempre un cielo despejado y el aire es fresco gracias a las constantes brisas marinas…Los rocíos son tan intensos de junio a octubre que la costa se cubre de verdor y existe una variedad infinita de flores. El pasto es particularmente nutritivo para el ganado”. En cuanto al comercio, escribió: “El mercado de Cobija está ampliamente abastecido con carne de res fresca y de buena calidad, y además a un precio comparativamente razonable… Abunda el pescado que es bueno y barato. Un jornalero puede subsistir con más de 18 peniques diarios”. Sus observaciones revelan que a pocos años de la independencia, el puerto ofrecía condiciones de abastecimiento y un costo de vida relativamente accesible.
También subrayó: “una práctica común en Cobija, antes de transportar las mercaderías extranjeras al interior, es la de abrir y reempacar los fardos, igualmente las maderas, las pieles de vicuña y chinchilla, el cobre y el estaño. El transporte de la mercancía europea se hace con cierta dificultad, cada fardo es de 5 arrobas y pesa 125 libras y equivale a una carga de mula. La distancia de Cobija a Potosí es de 15 leguas o 450 millas (…) y el tiempo que se tarda es de 25 días. El costo de cada carga es de 25 a 30 pesos, o sea de 5 a 6 libras esterlinas”.
Sobre el desarrollo urbano apuntó: “Actualmente hay alrededor de 200 casas, la mayoría están construidas con adobes y son pequeñas, pero bien amobladas, especialmente las de los gobernadores”.
Sin duda, las observaciones de Belford Hinton Wilson constituyen uno de los testimonios extranjeros más valiosos sobre el puerto de Cobija durante los primeros años de vida republicana. Su relato no solo ofrece una descripción de la geografía, el clima, el comercio y el desarrollo urbano, sino que también permite apreciar el dinamismo económico y la creciente presencia de comerciantes y navegantes extranjeros en sus costas. A casi dos siglos de haber sido escrito, este documento continúa siendo una fuente de indudable valor para comprender la importancia estratégica que tuvo Cobija en la consolidación del Estado boliviano y en su temprana vinculación con el comercio internacional.

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