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La cultura tributaria: un compromiso ciudadano para el desarrollo sostenible

Paola Alejandra Espinoza Huanca

Cuando un ciudadano boliviano paga el Impuesto al Valor Agregado (IVA) al comprar un producto facturado o un emprendedor cumple con el Impuesto a las Transacciones (IT), se activa un engranaje financiero fundamental para el país. Sin embargo, pocos conocen la ruta técnica que siguen estos recursos. La recaudación tributaria constituye una de las principales fuentes que alimentan mecanismos como la coparticipación tributaria, contribuyendo al financiamiento de servicios públicos como la salud, la educación, la infraestructura y otras competencias asignadas a los gobiernos subnacionales y universidades públicas autónomas de Bolivia.

¿Cómo son distribuidos estos recursos?
La coparticipación tributaria no es un fondo discrecional; es un mecanismo automático regulado por ley, principalmente la Ley N° 031 de Autonomías y Descentralización. De la recaudación en efectivo de los Impuestos Nacionales, como el IVA, IT, IUE, ICE, entre otros, el nivel central del Estado distribuye un porcentaje a las regiones: 20% se destina a los Gobiernos Autónomos Municipales e Indígena Originario Campesinos, 5% se asigna a las Universidades Públicas Autónomas para el fomento de la educación superior y la investigación y el 75% restante permanece en el nivel central para sostener las competencias nacionales, como ser: seguridad, redes viales fundamentales, ítems de salud y educación, entre otros.
Por tanto, los recursos provenientes de la recaudación tributaria constituyen la fuente de financiamiento de la Coparticipación Tributaria, cuyo comportamiento depende de la dinámica de la actividad económica interna. Cuando el consumo interno se dinamiza y el universo de contribuyentes formales crece, la recaudación sube. Esto se traduce, de forma automática y matemática, en transferencias periódicas a las cuentas fiscales de los beneficiarios, de acuerdo a la normativa vigente. Con estos recursos son pagados servicios de alumbrado público, el mantenimiento de infraestructuras escolares, postas de salud y proyectos de inversión.

El valor de la cultura tributaria
Entender este circuito permite reconocer una realidad económica importante: la inversión pública local se sustenta, en parte, en recursos provenientes de la recaudación tributaria generada por la actividad económica de los ciudadanos. En este sentido, la cultura tributaria no debe ser entendida únicamente como el cumplimiento de una obligación, sino como parte de una ciudadanía informada que comprende cómo sus decisiones económicas contribuyen al funcionamiento y desarrollo de la sociedad.

La autora de esta nota es economista.

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