Por Gema Sánchez, psicóloga
Seguro que alguna vez te han contado que pasaste la noche murmurando palabras sin sentido, o quizás eres tú quien se ha pegado un buen susto al escuchar a tu pareja gritar en medio de la noche. Hablar en sueños —cuyo término científico es somniloquia— es una alteración del sueño o parasomnia común, aunque no todos la manifestamos igual. Mientras unos emiten balbuceos ininteligibles, otros son capaces de armar discursos enteros.
Existe un mito muy arraigado (y un miedo bastante comprensible) de que en esos momentos somos vulnerables a revelar nuestros secretos más profundos. Pero la ciencia y la neurología nos dan un parte de tranquilidad: no, no te pueden sonsacar la verdad mientras duermes.
El desajuste detrás de las palabras
El sueño humano no es un estado plano; se compone de cinco fases bien estructuradas por las que el cerebro transita activando e inhibiendo distintas áreas:
Fase 1 y 2: Adormecimiento y sueño ligero.
Fases 3 y 4: Sueño profundo.
Fase 5 (REM): La etapa de los sueños más vívidos.
La somniloquia ocurre debido a un desajuste temporal en la sincronización de estas áreas cerebrales. Cuando deberíamos estar completamente desconectados en las fases de sueño profundo (3 y 4) o en la fase REM, los mecanismos encargados de inhibir el habla fallan por unos instantes.
Aunque es una condición benigna y totalmente inofensiva, suele manifestarse con mayor frecuencia en etapas jóvenes (el 50% de los niños habla dormido, frente a solo el 5% de los adultos). Sin embargo, factores del día a día como el estrés, la ansiedad, la fiebre o los trastornos del estado de ánimo pueden reactivar estos episodios en cualquier momento de la vida.
¿Por qué lo que dices no tiene sentido real?
«Lo que se emite durante la somniloquia es un producto directo del inconsciente o del sueño del momento; casi nunca responde a estímulos reales del entorno».
Si alguien intenta mantener una conversación contigo y hacerte preguntas mientras sufres un episodio, lo más probable es que respondas con una incoherencia absoluta. El cerebro en ese estado no está procesando la lógica del mundo exterior. Puedes pronunciar nombres azarosos, palabras inconexas o manifestar emociones intensas como llanto o gritos, pero todo forma parte de la narrativa interna de tu mente en reposo, no de una confesión consciente.
Por lo tanto, si alguna vez tu entorno intenta jugarte una broma o hacerte dudar de lo que dijiste por la noche, puedes relajarte. Esos monólogos nocturnos, que rara vez duran más de uno o dos minutos, son solo el cerebro limpiando sus archivos del día.
