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Un nuevo orden aún no logra consolidarse

Actual crisis en el país es producto de una transición política histórica

> El modelo corporativo-hegemónico fue impulsado por el Movimiento al Socialismo a lo largo de casi dos décadas, terminó hundido en corrupción y desgaste de su legitimidad por reiterados intentos de perpetuación en el poder. > Organizaciones afines al “masismo” terminaron constituyéndose en las principales bases corporativas y coercitivas de dicho proyecto político. > Intentos sistemáticos de vulnerar la Constitución para extender indefinidamente un proyecto político, generaron una reacción social y democrática para recuperar el respeto a las reglas institucionales.

Señalando que la crisis política y social por la que atraviesa el país no puede entenderse únicamente como una coyuntura pasajera o como una disputa electoral, el diputado supraestatal Daniel Marañón Tovar aseguró que la realidad demuestra que tiene lugar un profundo proceso de transición histórica, donde un modelo político que dominó el país durante casi dos décadas comienza a perder hegemonía, mientras un nuevo orden aún no logra consolidarse plenamente.
En criterio del parlamentario, el modelo corporativo-hegemónico que fue impulsado por el Movimiento al Socialismo (MAS) a lo largo de casi dos décadas, en el que se construyó una estructura de poder basada en la articulación y privilegio de determinados sectores sociales organizados, terminó hundido en corrupción y desgaste en la legitimidad del partido azul por reiterados intentos de perpetuación en el poder.
“La Central Obrera Boliviana, las Bartolinas, los Ponchos Rojos, las organizaciones cocaleras, entre otros. Desde la narrativa ideológica del denominado ‘socialismo comunitario’ o ‘socialismo indigenista’, fueron concebidos como la representación legítima del ‘pueblo’, la ‘reserva moral de la humanidad’ y el sujeto histórico de transformación política. En términos marxistas, se los presentó como el nuevo proletariado y como las víctimas históricas del viejo orden republicano”, sostuvo Marañón a través de un artículo de opinión.
El legislador observó que más allá del discurso emancipador, estas organizaciones terminaron constituyéndose en las principales bases corporativas y coercitivas del proyecto político “masista”.
Asimismo, si se toma en cuenta que durante veinte años dichos sectores fueron cohesionados bajo una retórica de permanente confrontación, muchas veces alimentada por un discurso de resentimiento étnico y polarización social entre indígenas, mestizos y sectores urbanos, el legislador por Tarija explicó que la lógica política liderada por Evo Morales, ahora prófugo de la justicia, consolidó un sistema de poder altamente centralizado y de control corporativo sobre el Estado.
“Paradójicamente, estos sectores fueron también los principales beneficiarios del aparato estatal durante el período de mayor bonanza económica de la historia contemporánea de Bolivia. No obstante, es importante señalar que gran parte de esa estabilidad y crecimiento económico tuvo sus bases en reformas estructurales y políticas públicas implementadas en las décadas previas, particularmente durante los años noventa, cuando se redefinió la estructura hidrocarburífera y financiera del país”, apuntó.
Como la corrupción no distingue clases, regiones ni culturas, sino responde a prácticas de poder descontroladas y a la ausencia de institucionalidad democrática, la población boliviana comenzó a comprender que la corrupción no tiene identidad étnica ni vestimenta ideológica, por lo que puede existir tanto en quienes usan poncho y ojotas como en quienes visten saco y corbata.
En ese sentido, los intentos sistemáticos de vulnerar la Constitución Política del Estado (CPE) para extender indefinidamente un proyecto político terminaron generando una reacción social y democrática que buscó recuperar el equilibrio republicano y el respeto a las reglas institucionales.
“Es precisamente en ese punto histórico donde Bolivia se encuentra actualmente”, dijo el parlamentario, observando que las organizaciones corporativas que durante años ejercieron poder y privilegios, hoy perciben la pérdida progresiva de su hegemonía.
“Por ello ahora intentan asfixiar políticamente a esta nueva Bolivia democrática emergente mediante mecanismos de presión, conflictividad y desestabilización”, aseguró.
En abril de este año, tras la realización de la segunda vuelta electoral de las elecciones subnacionales, el presidente Rodrigo Paz se dirigió al país a través de sus redes sociales, destacando que con la finalización de dicho proceso electoral el país ingresó a una nueva etapa política marcada por la renovación de liderazgos y la diversidad de representaciones en gobernaciones y municipios.
“Bolivia cierra un ciclo político y abre una nueva etapa. Una etapa de renovación, de nuevos aires y de diferentes representaciones”, expresó.
En su mensaje, el mandatario también observó que el país deja atrás “el tiempo del partido único” e inicia un periodo de nuevos liderazgos, proyectos, compromisos de trabajo conjunto y mejores perspectivas.
Anteriormente, en declaraciones a medios internacionales, Marañón había lamentado que la situación política de los últimos 20 años en el país, no haya permitido el desarrollo de proyectos importantes por no contar con seguridad jurídica que proteja la inversión.
Manifestó además que en Bolivia se haya instalado la mala costumbre de bloquear carreteras como forma de protesta, actitud que perjudica los intereses del país y ahuyenta inversión, realidad que, se espera que cambie con el nuevo ciclo político que inicia.

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