Las tensiones entre Cuba y Estados Unidos parecen destinadas a aumentar aún más en medio de informes que señalan que Raúl Castro, el expresidente del país de 94 años, podría enfrentar pronto el tipo de acusación que llevó al secuestro por parte de Estados Unidos del líder venezolano, Nicolás Maduro, en enero.
Aunque Raúl está oficialmente retirado, sigue siendo la figura más influyente de la política cubana tras la muerte de su hermano Fidel en 2016 y al atacarlo, Washington parece estar ejerciendo una gran presión sobre la dirigencia comunista cubana al final de una semana ya de por sí extraordinariamente intensa.
La acusación, que no fue confirmada oficialmente y requeriría la ratificación de un gran jurado, parece estar relacionada con el derribo en 1996 de dos avionetas pertenecientes a un grupo de exiliados cubanos llamado Hermanos al Rescate. Las aeronaves, que buscaban a balseros que huían a través del estrecho de Florida, habían sobrevolado La Habana para lanzar folletos cuando fueron interceptadas por un avión cubano.
“Se puede conseguir que un gran jurado acuse formalmente hasta a un sándwich de jamón”, sostuvo Pedro Freyre, un destacado abogado cubanoamericano de Miami.
Las informaciones sobre la posible acusación llegaron un día después de que el director de la CIA, John Ratcliffe, volara a La Habana para reunirse con el nieto del expresidente cubano, Raúl Guillermo Rodríguez Castro y altos cargos del gobierno.
La llegada de Ratcliffe se produjo tras una noche de protestas en la capital de la isla, mientras la población sufría cortes de electricidad que duraron 22 horas. Vicente de la O Levy, ministro de Energía de Cuba, había admitido previamente que la isla se había quedado sin fueloil. “No tenemos absolutamente nada”, declaró a la televisión estatal.
Desde el secuestro de Maduro y la toma de control por parte de Washington de la industria petrolera venezolana, Estados Unidos estuvo presionando para que se produzcan cambios en La Habana: o bien la caída del régimen actual o, al menos, la apertura de la economía a los intereses estadounidenses.
“No creo que podamos cambiar el rumbo de Cuba mientras esta gente esté al mando”, precisó el secretario de Estado estadounidense de origen cubano, Marco Rubio, durante su viaje a China esta semana. Mientras tanto, Donald Trump dejó claro que quiere “tomar el control” del país.
Durante los últimos cuatro meses, Estados Unidos ha impuesto un estricto bloqueo petrolero a Cuba, permitiendo la entrada únicamente a un buque petrolero ruso, el Anatoly Kolodkin, por lo que Trump alegó que eran razones humanitarias.
Estados Unidos también mantuvo conversaciones bilaterales con Rodríguez Castro, una decisión que causó gran inquietud entre muchos cubanos que se quejaron de que el nieto de Raúl no ostenta ningún cargo oficial en el gobierno.
En medio de las especulaciones de que Estados Unidos estaba intentando forzar una división en el gobierno, Miguel Díaz-Canel, el actual presidente de la isla, ofreció una rueda de prensa para confirmar las conversaciones y la participación de Raúl Castro, en tanto Rodríguez Castro permanecía sentado observando.
Hasta esta semana, se daba por hecho que las negociaciones estaban estancadas, ya que el gobierno cubano se mostraba reticente, con la esperanza de que Washington estuviera demasiado distraído por sus dificultades en Irán como para presionar en su defensa.
Sin embargo, la creciente impaciencia de Trump fue evidente. Él mismo declaró en una conferencia en Florida a principios de mayo que podría ordenar al portaaviones USS Abraham Lincoln que se detuviera a unos 100 metros de la costa cubana. En las últimas semanas, se detectó a aeronaves de vigilancia estadounidenses, tanto drones como tripuladas, sobrevolando la isla.
“Sigo sin poder imaginarme a Estados Unidos llevando a cabo una operación militar con Irán en una situación tan caótica”, declaró Michael Bustamante, catedrático de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. “Pero tampoco creo que Cuba pueda permitirse ese riesgo sin petróleo en sus reservas”.
El resultado de la reunión entre los altos funcionarios cubanos y el director de la CIA, Ratcliffe, sigue sin estar claro. Ambas partes reiteraron sus posturas: los cubanos aclararon que la isla “no constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos” y Estados Unidos afirmó estar dispuesto a “abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales”.
El Departamento de Estado de Estados Unidos había anunciado previamente que ofrecería 100 millones de dólares en ayuda, siempre y cuando esta fuera acompañada de “reformas significativas”. En una medida sin precedentes, Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, señaló que Cuba aceptaría la ayuda siempre que no estuviera sujeta a condiciones.
Por otro lado, los 9,5 millones de habitantes de Cuba se enfrentan a un futuro incierto. Lo que sí es seguro es que la escasez de combustible en la isla está generando una situación desesperada. Las temperaturas están subiendo hasta los 30 grados (alrededor de 27 grados Celsius) con la llegada del verano, y la gente tiene dificultades para dormir sin ventiladores o para mantener los alimentos refrigerados.
La economía cubana lleva cinco años en declive y muchos viven en la miseria, luchando por conseguir suficiente para comer. El miércoles, mientras la gente salía a las calles a protestar, uno de ellos indicó a Reuters que no se trataba de una cuestión política: “Empezamos a golpear cacerolas para ver si nos daban al menos tres horas de electricidad. Es todo lo que pedimos”. (The Guardian)
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Raúl Castro puede correr la misma suerte que Maduro
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