De manera habitual, se considera que el comercio constituye la parte más importante de la economía de un país. Sin embargo, esa afirmación no es correcta, debido a que la producción es lo más importante y el comercio depende de la primera.
En Bolivia, ese fenómeno económico, es actualmente un factor determinante por la magnitud que ha alcanzado y los efectos que causa y seguirá causando en próximos años. Hasta fines del siglo pasado, el comercio mayorista tenía importante participación en la economía, pero, desde entonces, empezó a disminuir y ser sustituido por el pequeño comercio. Finalmente, este reglón económico se ha impuesto en todo el país y hasta ha desplazado a la economía en grande. En la actualidad, inclusive ha empezado a tener creciente expansión en la vida política del país y, a la vez, se ha convertido en un factor determinante.
En sustitución del comercio en grande, ahora existen alrededor de dos millones de pequeños comerciantes, debiendo señalarse que, en otras épocas, los comerciantes mayoristas se abastecían de la producción nacional y rechazaban el contrabando. Pero esa figura ha cambiado sustancialmente en los últimos veinte años. El gran comercio agoniza y los pequeños comerciantes no solo dominan el mercado, sino que han formado un gremio (mal llamado sindicato) que llena de productos a los mercados de consumo en todas las poblaciones de la geografía nativa.
Por otro lado, miles de campesinos que antes cultivaban la tierra han emigrado a países vecinos, donde son contratados para trabajar y llenar de productos a mercados externos. Se calcula que unos 500 mil campesinos bolivianos trabajan en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires y abastecen a una población de 15 millones de habitantes de esa gran urbe, con más del cincuenta por ciento de los alimentos que utilizan a diario. Además, se enorgullecen de obtener grandes ganancias, mientras que en Bolivia solo se empobrecían y, además, han sido privados del derecho de propiedad sobre la tierra, por disposiciones, paradójicamente, de un gobierno del MAS que pregonaba que favorecería al sector indígena.
Otros tantos miles de campesinos, antes prósperos, han migrado al Brasil, donde trabajan en empresas textileras. Otro destino es Chile, donde se ocupan de labores industriales mineras, así como agrícolas. Han huido de Bolivia porque la tierra no les da ganancias. Por otra parte, de quienes se han quedado en nuestro país, muchos de han dedicado a la producción de coca o han llegado a las ciudades, donde tienen empleos precarios.
En fin, el panorama de la producción muestra grave deterioro y en el comercio hay casi total predominio de los pequeños comerciantes, algunos de ellos que se enriquecen especulando con los precios de productos, los cuales en su mayoría provienen del contrabando, lo que afecta a la industria nacional, que por falta de apoyo planificado no puede competir con lo importado.
