El alto índice de desempleo en el país, con una serie de efectos en los mecanismos productivos del país, tiene la perspectiva de ser encarado por el gobierno actual, que ha revelado buenas intenciones para solucionar ese problema.
Es que los gobiernos “masistas” dejaron al país y a las nuevas autoridades un doloroso legado, como la caja de Pandora, llena de males de todo tipo. En particular, esa herencia consiste en el desempleo en que quedaron miles de trabajadores de diversos rubros de la economía, drama que hizo que la economía boliviana quede en bancarrota. Recordemos que, cuando el MAS llegó al poder, contó con los caudalosos ingresos que recibió Bolivia por altos precios de materias primas de exportación, en especial gas, algunos minerales, granos de soya y otros. Sin tales recursos económicos, el sistema de gobierno masista no habría podido subsistir mucho tiempo.
Por ello el aumento del desempleo en nuestro país, durante los últimos veinte años de gobiernos del MAS, no solo debe ser objeto de denuncia y análisis, sino que es necesario señalar sus características objetivas. En primer lugar, la absurda política económica del régimen hizo caer los índices de producción industrial, por la fuga de empresas privadas y otras. Igual sucedió con el turismo y la artesanía, que entraron en quiebra.
Pero el desempleo presentó aspectos tenebrosos en la agricultura, lo que hizo que miles de campesinos se queden sin trabajar sus tierras, debido a la política económica de entonces. La causa de ese resultado catastrófico fue prohibir a los campesinos pequeños la venta sus tierras, medida establecida en la Constitución Política. Esa disposición del gobierno de Evo Morales, seguida por el de Luis Arce, hizo que campesinos altiplánicos migraran al oriente o al exterior, agravándose el problema de la falta de empleo.
Ese dato sobre el desempleo en el área altiplánica y valles, fue confirmado por el presidente Rodrigo Paz, quien sostuvo que en esos años migraron 300 mil campesinos, abandonando sus parcelas. Muchos habitantes de áreas rurales llenaron las ciudades para dedicarse a labores domésticas, al comercio pequeño o la delincuencia, entre otras.
Ese desempleo provocó la caída de la producción agropecuaria y se tuvo que recurrir al contrabando desde países vecinos y a que el gobierno importe productos de la canasta familiar, con grandes gastos de divisas, sin contar la mala nutrición de obreros y de la clase media.
Ese grave problema, denunciado por el presidente Paz Pereira, ahora se coloca en el primer plano de la política y la economía del país. Y si no se lo toma en cuenta, Bolivia podría entrar en una etapa de conflictos políticos y sociales de magnitud. Hasta el momento, el nuevo gobierno aún no ha puesto en tapete el problema del desempleo en el país, por tener que atender asuntos que están en la agenda de prioridades. Pero se debe confiar en que las autoridades nacionales tomarán al toro por las astas. Y así poner fin al agobiante desempleo que afecta a millones de familias.
Reducción de alto nivel de desempleo
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