Con más frecuencia en los últimos años, cada día de la mujer internacional o nacional, se alude a la violencia del hombre contra la mujer bajo un enfoque puramente victimizante de la mujer y como si “la mujer” fuera un colectivo homogéneo y también como si “el hombre” fuera un colectivo violento en sí mismo.
Tanto “la mujer” como “el hombre” son grupos heterogéneos y diversos, dentro de los que se producen diferentes situaciones de “violencia”, cuya definición tampoco está muy clara. Habiendo revisado artículos y libros sobre casos de violencia y feminicidio, es posible señalar que, como lo dicen también los agentes policiales, “cada caso es diferente”, por lo que no es correcto decir “la violencia contra la mujer”, sino que se debe aludir a los “casos de violencia contra ciertas mujeres”.
Por eso hay situaciones en las que existen mujeres involucradas en episodios de violencia en las cuales, efectivamente, fueron víctimas, pues no podían actuar en su defensa de ningún modo. Sin embargo, existen otros casos en los que la mujer involucrada tuvo oportunidad de evitar el episodio violento. Algunas de las formas en que las mujeres de ciertos casos de violencia y feminicidio podrían haber evitado desenlaces fatales son, por ejemplo, concluir la relación frente a la primera muestra de estar frente a un hombre violento, con el consiguiente distanciamiento y/o denuncia; haber evitado el consumo de bebidas alcohólicas y/o drogas con compañía masculina, haber evitado salir con varios varones y haber sido ella misma la iniciadora de violencia verbal contra su pareja, lo cual habría conducido a una reacción físicamente violenta.
Por eso, crear una autopercepción de la mujer exclusivamente como víctima y no como protagonista de los hechos, puede ser incluso más nocivo en la construcción de un imaginario que no promueve la acción preventiva de las mujeres en relación a la violencia y al feminicidio. Por otro lado, menos se habla de una acción defensiva durante el acto violento en la medida que tenga ciertas posibilidades como el de gritar, pedir auxilio o huir del escenario antes de perpetrarse el acto violento.
Con base en el análisis de la casuística, por tanto, será necesario profundizar y difundir información sobre aquellas acciones de prevención no solo en el sentido de conocer la ley o evitar relaciones con hombres violentos, sino también en el marco de ciertos valores y consignas, como el de evitar el consumo exagerado de bebidas alcohólicas en general, y con compañía masculina en particular.
El situar a “la mujer” en el plano de víctima no es de mucha ayuda para evitar la violencia, puesto que, aunque duela decirlo, en ciertos casos es ella misma la que permite e incluso motiva y conduce al hombre a situaciones de violencia.
La autora es antropóloga.
