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El ultrademocratismo, enfermedad de la COB

La Central Obrera Boliviana (COB) tiene una serie de nuevas tácticas para desestabilizar gobiernos, pero no para hacer avanzar la historia. Sí para hacerla retroceder lo más posible y causar, en esa forma, la restauración de gobiernos reaccionarios. O provocar la intervención externa, cogobernar con ella y, luego, hacerse expulsar del poder.
El ultrademocratismo es la última palabra de la COB para encumbrar en el poder al populismo corrupto. Con su nueva táctica recurre a los procedimientos más desesperados y utiliza sofismas que comprueban que es un organismo desorientado y que vive en el pasado.
Con su táctica obsoleta tiene solo objetivos económicos y desconoce la importancia de la política, el partido, la ideología o la lucha consciente. Acude al espontaneísmo y ha arraigado la actitud inconsciente en el movimiento social y, en especial, en la clase obrera. No solo eso, no ve la historia, sino únicamente los intereses de algunos dirigentes alienados, no de las masas.
Entre otros errores, la COB está más empeñada en conducir a los obreros al abismo que hacia un nuevo régimen. Pero no debería arraigarse en el populismo que ha heredado del MAS, al que quiere restaurar en el gobierno, para que reinicie su política de retroceder al sistema de las comunidades indígenas y reconstruir el socialismo, sin pasar previamente por la revolución democrática, única forma de hacer avanzar la historia para llegar al “paraíso socialista”.
Esa inconducta está vigente desde hace mucho tiempo, pero se ha desarrollado intensamente en últimos años. Tanto así, que considera que la única forma de lucha obrera es el bloqueo de caminos, el uso de la dinamita, matar de hambre al pueblo, las huelgas ciegas. En ese sentido, la COB se ha convertido en una especie de “rebelde sin causa”. En efecto, utiliza el terror, pero no se anima a tomar el poder.
La Central Obrera ya no lucha por la democracia, su nueva meta es el ultrademocratismo, vale decir la anarquía, la acción de masas sin dirección y para que aprovechen otros. El ultrademocratismo solamente desea caos, violencia y en nombre de la democracia, arrasarla con acciones desesperadas. Está dedicado a empujar el movimiento espontáneo de sectores desorientados, a los cuales engaña con palabras dulces y demagógicas que solo sirven para llevar a los trabajadores a luchas cruentas, como ocurrió desde la restauración de las dictaduras en 1964. Carece de conocimiento del determinismo histórico. No tiene idea de que lo que mejor puede conseguir es una revolución democrática, que es el único camino para llegar a la victoria total.
Eso no significa que se convierta en furgón de cola, ni que presione al gobierno para crear doble poder. Debe adoptar una actitud independiente, en todo caso. Debe tener una táctica adecuada al sistema. Debería luchar por la democracia, no para destruirla. Tiene que asumir una actitud democrática correcta y no ser instrumento de demagogias y aficionados que ofrecen al pueblo el cielo y las estrellas, conducta falsa que conduce al abismo.

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