InicioSeccionesEditorial¿Riesgo de perder el Ande por ser del Mercosur?

¿Riesgo de perder el Ande por ser del Mercosur?

Bolivia marcó un hito histórico al formalizar su ingreso como miembro pleno al Mercosur. Sin embargo, en un mundo de bloques ideológicos y económicos, la pregunta no es si Bolivia debe integrarse por hacerlo simplemente, sino el costo de ello, sobre todo en función de su posición histórica en la CAN.
El Mercosur significa teóricamente un mercado de más de 270 millones de personas y la consolidación de Bolivia como un punto estratégico por su posición en el mapa. Empero, la realidad operativa puede ser menos ideal. Pues mientras la CAN fue el mercado de manufacturas bolivianas con valor agregado, el Mercosur se presenta como un gigante donde Bolivia corre el riesgo de ser reducida a un simple proveedor de materias primas, compitiendo con potencias regionales.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de la permanencia de Bolivia en el Mercosur, un bloque dominado por los gigantes industriales de Brasil y Argentina? La libre circulación de bienes sin aranceles podría traducirse en una inundación de productos brasileños y argentinos que desplacen a la producción boliviana en su propio mercado interno. Nuestra industria, compuesta mayoritariamente por micro y pequeñas empresas, difícilmente puede competir con los subsidios y la productividad del agronegocio del Sur.
Otro punto desventajoso para Bolivia puede ser la adopción del Arancel Externo Común, pues el país podría perder autonomía en su política comercial externa. Esto complica las relaciones con socios estratégicos que no son del Mercosur y eleva el costo de importación de bienes de capital e insumos tecnológicos que no se producen en la región, pero que son importantes para nuestra modernización en varios rubros.
La mayor desventaja, sin embargo, es descuidar a la CAN. Durante décadas, la CAN ha sido el mercado natural para las exportaciones no tradicionales de Bolivia, como la soya y derivados. Las normativas andinas en materia de transporte, sanidad y propiedad intelectual son mucho más liberales y avanzadas que las del Mercosur, que sigue siendo un bloque de países con constantes tensiones proteccionistas entre sus socios fundadores.
Bolivia no puede permitirse que su compromiso con el Mercosur erosione las preferencias arancelarias y los logros alcanzados en la CAN. A título de triunfo geopolítico e integración con otros países, el país no puede entrar en una especie de «doble juego» integrador que exija una burocracia de élite que Bolivia hoy no parece priorizar; la permanencia en el Mercosur puede estar más vinculada con una retórica política de integración, que con una ventaja comercial verdadera.
Si el Estado no implementa políticas de competitividad, la membresía plena será un desacierto y correrá el peligro de quedar atrapado en un bloque que sufre de parálisis institucional y volatilidad macroeconómica (especialmente en Argentina), sacrificando las ventajas que nos brinda el mercado andino.

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