En 2026, el mundo seguirá su acelerado reordenamiento económico, tecnológico y geopolítico, con más incertidumbre y complejidad. Tras las experiencias de Gaza y Ucrania, la emergencia de los nacionalismos radicales y el fracaso del multilateralismo, los conflictos armados vuelven a ser una variable real. Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Francia e India han aumentado en casi 10% su gasto militar y aparecen polvorines en Medio Oriente y el Caribe que podrían estallar en cualquier momento.
EEUU parece haber ganado la batalla económica de 2025, y el experimento BRICS se ha debilitado. La guerra de los aranceles impuesta por Trump y su estilo particular que combina diplomacia, pragmatismo y audacia han vuelto a posicionar el liderazgo americano en el mundo. Sin embargo, la ventaja tecnológica, la expansión comercial y los intereses geopolíticos de la China de Xi Jinping están lejos de haber disminuido. Todo parece indicar que la guerra económica entre estos dos gigantes va a continuar, aunque los ejes de disputa se concentrarán más en recursos naturales que en mercados o rutas comerciales.
La Inteligencia Artificial (IA) va a marcar el orden mundial en 2026. Su crecimiento exponencial continuará en todos los campos, especialmente en salud, educación, finanzas y producción, y su uso se generalizará en casi todas las actividades humanas. Sin embargo, producirá intensos debates legislativos, éticos y políticos sobre sus efectos para el empleo, seguridad y propiedad.
La brecha de desigualdad e inequidad seguirá profundizándose, aunque los nuevos vectores de segregación serán el control del conocimiento y la tecnología aplicada al bienestar. Problemas recurrentes como las migraciones, el terrorismo, el delito internacional, los desastres climáticos, las crisis humanitarias y la pobreza van a seguir erosionando la estabilidad y el crecimiento global.
Nuestro vecindario va a tener un año particularmente intenso. Brasil, Perú y Colombia tendrán elecciones presidenciales, mientras que los nuevos gobiernos de Chile, Ecuador y Bolivia empezarán a implementar medidas de ajuste, en escenarios de crisis económica y fragmentación política. La tendencia de la región hacia gobiernos liberales y economías abiertas, es una señal de cambio muy potente que podría incluso llevarse consigo a los regímenes de Venezuela y Cuba, cuyo fin parece estar cerca.
Es posible que Brasil y Guyana empiecen a tener un protagonismo inusitado para determinar los precios internacionales del petróleo. Asimismo, este año se abrirá el flujo comercial entre el Atlántico y el Pacífico a través del Corredor Bioceánico Brasil – Argentina – Paraguay y Chile, el más importante de la región.
A partir de su Estrategia de Seguridad Nacional, la presencia estadounidense se acrecentará en la región, especialmente en Bolivia, Paraguay, Argentina, Ecuador y eventualmente Perú, aunque por ahora no reemplazará a las inversiones de Europa, China, India y Rusia. La tendencia de los países será más bien hacia una apertura pragmática a inversiones masivas sin importar su origen, especialmente en áreas como energías alternativas, telecomunicaciones, infraestructura ferroviaria y caminera, minería y agroindustria. Con reglas de juego ajustadas y gobiernos más abiertos, la competencia para captar inversiones puede animar a capitales asiáticos y europeos a apostar por el subcontinente.
Según la CEPAL, este año el crecimiento del empleo será modesto, y la región seguirá enfrentando alta desigualdad salarial, empleo informal y brechas de bienestar social. Temas como la crisis de las pensiones, inclusión laboral, deficiente educación y salud, y brecha de género seguirán ganando importancia en agendas públicas.
El 2026 no será un año más: será un punto de inflexión. La tecnología, los recursos naturales y la geopolítica abren oportunidades reales, pero también riesgos de repetir viejos errores bajo nuevas formas. Convertir nuestras ventajas en desarrollo, dependerá menos del contexto internacional que de la calidad de nuestras decisiones políticas, institucionales y sociales. El margen de error se estrecha, y el tiempo para decidir es ahora.
El autor es Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia.
