El lenguaje de la musicoterapia es la música y es a través de ella cómo percibimos, operamos e intervenimos en los procesos de nuestros usuarios. La música está presente en la vida del ser humano como un componente primario y cotidiano de su entorno social, integrando al bagaje de sus sensaciones y experiencias un cúmulo de estímulos sonoros. A través de la música se puede describir situaciones, expresar sensaciones, emociones y sentimientos que intervienen en la formación de la personalidad del ser humano.
El lenguaje es el pilar fundamental de la comunicación humana. Como afirman Monfort y Juárez (1980), es el elemento que estructura el pensamiento y la acción. Es un factor decisivo en el desarrollo afectivo y psicológico, y el principal medio de información y cultura. Bajo esta premisa, si entendemos el lenguaje como un conjunto de formas de comunicar a través de la palabra, el color o el sonido, la música emerge como un lenguaje no verbal excepcionalmente expresivo. Se construye con sonidos, no con palabras y posee sus propios códigos de representación e interpretación.
El poder de la música reside en su capacidad para ofrecer un espacio seguro para la autoexpresión. Al ser un medio no verbal, facilita la manifestación de la personalidad a través de canales de comunicación alternativos, lo que la convierte en un vehículo para el desarrollo integral del niño. La música tiene un impacto positivo en áreas clave, como la cognitiva, social, emocional, motora, del lenguaje, e incluso en las habilidades de lectura y escritura.
Esta nota se fundamenta en la aplicación de la musicoterapia para mejorar la expresión oral y socioafectiva de una usuaria. El objetivo es superar las dificultades de comunicación que le impiden interactuar con su entorno, afectando su rendimiento escolar y sus relaciones personales. A través del trabajo con habilidades verbales y la percepción, comprensión y expresión de emociones, se busca alcanzar objetivos terapéuticos. Mi interés por este campo surge de la necesidad de adaptar la musicoterapia para abordar las necesidades emocionales de esta usuaria específica.
La percepción musical es un proceso complejo. Según Viviana Sánchez (2007), al escuchar música, diversos estímulos impactan nuestro sistema nervioso central. La decodificación musical de estos estímulos implica la discriminación simultánea de señales rítmicas, melódicas y armónicas, lo que la convierte en una de las funciones más complejas del cerebro.
Como señala Patricia Sabatella (2005), la actividad musical es una experiencia tanto individual como colectiva que integra cuerpo, mente y espíritu. La conducta musical, en sus facetas receptiva y expresiva, involucra una serie de habilidades sensoriales, visuales, auditivas, motoras, emocionales y cognitivas. Estas habilidades musicales (audición, interpretación, improvisación, etc.) potencian el desarrollo de habilidades no-musicales.
La cualidad integradora de la experiencia musical favorece que, en una misma actividad, se sucedan diferentes procesos de percepción y ejecución. Estos involucran experiencias:
• Sensoriales, oír, escuchar, reconocer y discriminar sonidos.
• Motrices, ejecutar instrumentos y moverse con la música.
• Emocionales, expresar estados de ánimo y sentimientos.
• Cognitivas, atención, concentración, memoria, análisis y síntesis.
• Sociales, participar en actividades colectivas, respetando la producción de los demás.
La aplicación de la musicoterapia activa, genera efectos positivos en la mejora de actitud y la expresión oral, específicamente en la articulación de fonemas y la estructuración de frases, mejorando el flujo narrativo, la claridad y concisión, el uso de negritas, la estructura de listas y una mejor organización.
Musicoterapia, recurso pedagógico
Rómulo Yupanqui Guachalla
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