Avatar: Fuego y Cenizas es heredera directa de la experimentación que dio vida a sus antecesoras, pero también es la prueba de que el trabajo realizado en cada secuela no solo es revolucionario, sino también es una evolución.
De la mano de Cameron y su equipo, las películas de AVATAR presentaron al mundo la innovadora técnica de captura de actuación, un sistema de cámara virtual en la que los actores hacen sus interpretaciones en un espacio llamado “volumen”, portando marcadores en el cuerpo y arneses con dos cámaras de alta definición en la cabeza para capturar el cien por ciento de su actuación en el mundo digital. Posteriormente, los realizadores se valen de tecnología de última generación para trasladar las expresiones y toda la corporalidad de los actores al mundo digital de Pandora. Al capturar los sutiles matices emocionales y los movimientos de los intérpretes, esta tecnología permite crear personajes de apariencia real, lo que potencia la experiencia inmersiva del público.
Ahora, con herramientas tecnológicas de última generación, Avatar: Fuego y Cenizas expande el universo de Pandora, introduciendo al clan Mangkwan, también conocidos como el Pueblo de las Cenizas. A su vez, transporta a las audiencias hacia nuevos rincones de Pandora, relevando entornos nunca antes vistos y desplegando efectos visuales completamente innovadores.
La magia de Nueva Zelanda
Las manos mágicas detrás de la experiencia cinematográfica épica de Avatar: Fuego y Cenizas son muchas, pero varias de ellas residen en Wellington, Nueva Zelanda. Allí se encuentra el innovador estudio de efectos visuales Wētā. “En este momento, nadie hace un mejor trabajo de acabado de la captura de efectos visuales que Wētā, y eso se debe a la relación constante de retroalimentación entre la producción y el estudio de efectos visuales, tanto en lo tecnológico como en lo creativo. Hemos desarrollado una especie de lenguaje compartido”, relata Sanchini, en relación a la colaboración estrecha entre los equipos liderados por Cameron y los del estudio.
Y Nueva Zelanda no es solamente el hogar de Wētā. Con su naturaleza exuberante y sus grandes talentos técnicos y creativos, el país también ha sido fuente de inspiración y sede de rodaje de las tres películas de AVATAR. En la producción de la tercera entrega, más de 1.500 miembros del equipo trabajaron en Nueva Zelanda, muchos de ellos desde los Stone Street Studios de Wellington. Tanto Cameron como los productores aseguran que filmar en este país ha sido una experiencia maravillosa, y que eso se tradujo directamente a la pantalla en el nuevo film.
Avatar: Fuego y Cenizas estrena en cines el 18 de diciembre en 3D, Dolby Cinema 3D, RealD 3D, Cinemark XD, 4DX, ScreenX y pantallas premium.
Captura de actuación: la evolución de la revolución en Avatar: Fuego y Cenizas
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