En el periodo colonial desde 1572, año en que se produjeron las sublevaciones, éstas fueron violentamente sofocadas por el Virrey Francisco de Toledo. Se inició en aquellos lugares del imperio español un largo proceso de movimientos indígenas.
Los movimientos de Julián Apaza Nina o Túpac Katari principalmente se desarrollaron en una extensión bastante grande, con la cuidad de La Paz como núcleo central. En 1781 se inició en Sica Sica, provincia Intermedia entre Oruro y La Paz. En pocas semanas se fueron levantando con gran violencia las ciudades y los pequeños pueblos vecinos de Ayo Ayo, Calamarca, Caracato, Sapahaqui, Laja, Viacha. En ese periodo el caudillo Katari dirigió personalmente los ataques, sin embargo, es tan oscuro su origen y tan misteriosa su aparición que los españoles creían que quien maniobraba era Túpac Amaru.
Desde abril hasta agosto de 1781, la actuación de Túpac Katari se hizo autónoma, sobre todo en los meses anteriores de la llegada a La Paz de los ejércitos auxiliares dirigidos por Ignacio Flores, comandante general de las fuerzas españolas en Charcas, quien logró levantar, por lo menos en apariencia, el cerco de la ciudad a lo largo de julio. Fue él también quien envío comisionados a las provincias del sur y del este para que le enrolaran gente, le trajeron víveres, recogieron ganado, con lo que aseguró con mano dura y violenta las regiones dominadas. Esa fue el periodo en el que Túpac Katari despegó su mayor vigor. Tenía junto a sí a dos mujeres excepcionales, a Bartolina Sisa y Gregoria Apaza Nina, su hermana contaba con uno que otro capitán audaz, como Gregorio Subió y fusileros y artilleros, criollos y mestizos o negros, todos de gran utilidad. Se rodeó también de capellanes que contribuyeron a darle un aparato administrativo y la aureola de prestigio que necesitaba, puesto que se había nominado así mismo como Virrey. Sus coroneles mejor equipados, más avezados en la lucha, fueron capaces de derrotar en Quequerani a las fuerzas españolas dirigidas por José Pinedo. Ellos organizaron la toma de pueblos, de haciendas y asientos mineros. Ante la dificultad que implicaba la toma de Sorata, cercada por coroneles de Julián Apaza; Diego Cristóbal envío a su sobrino Andrés Noguera – Túpac Amaru, quien logró hacerla caer estrepitosamente, inundándola con aguas del río, contenidas en una represa o kocha. Todo esto sucedía paralelamente a la acción desplegada por Túpac Katari. En mayo, junio, y julio casi no hubo problemas.
La caída de la ciudad de Sorata en agosto coincidió con la salida de La Paz de los ejércitos auxiliares que comandaba Flores. En agosto en el alto de La Paz se instalaron Túpac Amaru, Miguel Bastidas, los hermanos Quispe y muchos coroneles. Se organizaron dos campamentos, uno en el Tejar, en la ceja del Alto pata los Amaru y otros en Pampajasi, en la zona diametralmente opuesta para los Katari; en uno se hablaba quechua y en el otro aymara. Los jefes eran tan audaces y decididos, pero Andrés era el más culto, sabía castellano, tenía prestigio social, se hacía llamar «inca», y era sobrino de Túpac Amaru, rápidamente fue avasallando a Túpac Katari, que era menos diplomático y demasiado inclinado a la bebida.
Andrés fue reemplazado en el Alto por Miguel Bastidas y Diego Quispe el Mayor; el principal coronel peruano fue quien se dirigió a Sica Sica a detener a los ejércitos que, al mando está vez de José de Reseguín, venían desde Cochabamba y Oruro a liberar nuevamente a La Paz. Había llegado el fin de Túpac Katari, ya no era el jefe supremo en sus territorios, fue el último en abandonar el campo, cuando los españoles venciendo las fuerzas de Quispe llegaron hasta los bordes de la ciudad. Los quechuas partieron hacia el santuario de la Virgen de Peñas. Las fuerzas liberaron definitivamente La Paz y continuaron en su avance hasta el mismo Santuario de Peñas, donde descuartizaron a Túpac Katari por cuatro caballos, el 14 de noviembre de 1781, en la plaza del Santuario de Peñas.
