En gran parte del mundo, dar a luz es un proceso seguro. Pero para miles de mujeres en los contextos más difíciles, el parto puede dejar una secuela grave y prevenible: la fístula obstétrica, una lesión que cambia vidas y que sigue siendo una herida invisible en la salud materna.
¿Qué es la fístula obstétrica?
Es una lesión grave que se desarrolla cuando el trabajo de parto prolongado y obstruido, a menudo sin intervención médica oportuna, corta el flujo sanguíneo a los tejidos entre el canal de parto y la vejiga o el recto. El daño tisular resultante crea un orificio que conduce a incontinencia crónica. Esta condición prevenible afecta desproporcionadamente a las mujeres en entornos de bajos recursos, porque el acceso a atención materna de calidad y servicios obstétricos de emergencia es limitado. Las sobrevivientes frecuentemente soportan estigma, aislamiento y angustia psicológica, requiriendo cirugía compleja y apoyo psicosocial continuo.
¿Qué lo produce?
El trabajo de parto prolongado y obstruido sin intervención médica oportuna puede llevar a la fístula obstétrica. Además, entre los factores de riesgo clave, se encuentran la mutilación genital femenina, la desnutrición materna, el recorrido de largas distancias a los centros de salud, embarazos a edad temprana, las demoras en la atención obstétrica de emergencia, la baja cobertura de atención prenatal y parto asistido, muchos nacimientos en el hogar, y un sistema de salud débil con pocos centros bien equipados y escasez de personal médico y de partería capacitados -especialmente en áreas rurales y nómadas. Más allá del dolor físico y la incontinencia, las sobrevivientes a menudo soportan trauma emocional, estigma y exclusión social.
¿Cómo se previene?
Prevenir la fístula obstétrica requiere fortalecer los servicios de partería, garantizar acceso oportuno a cesáreas, sistemas de derivación funcionales y atención de maternidad respetuosa y centrada en la mujer.
¿Qué país presenta uno de los mayores riesgos para las mujeres de desarrollar fístula obstétrica?
Los indicadores de salud materna de Somalia permanecen entre los más frágiles del mundo. Solo alrededor de un tercio de los nacimientos son atendidos por un proveedor capacitado, y la razón de mortalidad materna es de aproximadamente 692 muertes por cada 100,000 nacidos vivos según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Factores como la pobreza, la distancia, la inseguridad, los sistemas de derivación débiles y el acceso limitado a atención obstétrica de emergencia integral y atención neonatal continúan impulsando estos resultados. Estas brechas alimentan directamente el desarrollo de fístula obstétrica.
¿Cuál ha sido la respuesta de Médicos Sin Fronteras (MSF) para abordar esta brecha?
En toda Somalia, solo un centro de atención de fístula totalmente funcional proporciona actualmente tratamiento para un pequeño número de mujeres. Cientos más continúan sufriendo en silencio, esperando ayuda o sin poder acceder a la atención. Para ayudar a cerrar esta brecha, MSF ha lanzado un nuevo programa de atención de fístula obstétrica en Baidoa, Estado del Suroeste. Con sede en el Hospital Regional de Bay, el programa ofrece tratamiento gratuito, seguro y confidencial que incluye reparación quirúrgica como parte de un servicio integral y sostenido, manejo de desgarros perineales graves, atención pre y postoperatoria, apoyo psicológico y social, y a partir de 2026, fisioterapia para apoyar la recuperación y la continencia.
Entre las primeras mujeres atendidas por MSF se encuentra Khadija Adan, madre de ocho hijos de una aldea cercana a Buur Hakaba. Durante ocho años vivió con una lesión que no comprendía y que la dejó aislada y avergonzada.
“No podía controlar mi cuerpo y dependía de otros para todo. No sabía que existía un tratamiento; simplemente sufría en silencio”, cuenta. “Cuando supe del hospital en Baidoa, reuní el valor para ir. Allí me explicaron que mi problema tenía solución. Después de la operación, sentí que me devolvían la vida. Ya no tengo miedo ni vergüenza, y ahora le digo a otras mujeres: hay tratamiento, y es gratuito.”
Su historia refleja la de muchas mujeres que, tras años de dolor y exclusión, encuentran esperanza en este nuevo servicio. Mientras que el acceso a servicios obstétricos básicos sigue siendo limitado en Somalia, la atención especializada como la reparación de fístula es prácticamente inexistente.
Abordar esto requiere cambios tanto individuales como sistémicos: las familias deben asegurar partos seguros y buscar atención inmediata; los sistemas de salud deben garantizar parteras capacitadas, derivaciones oportunas y quirófanos en funcionamiento. Además, las autoridades y los donantes deben aumentar la inversión en salud materna y neonatal para reducir el riesgo de fístula obstétrica y fortalecer la salud de las mujeres en toda Somalia. Cada mujer merece una experiencia de parto segura, atención respetuosa y acceso a atención de alta calidad.
