Lazos: Potosí

Ernesto Julián Bedregal Patiño

¡Ha llegado el momento de homenajear a la Villa Imperial! Es tiempo de rendir tributo a la impetuosa villa, que quiso ser y fue lo que quiso, ciudad de cimientos resistentes y de habitantes resilientes. Aparte de que despierta mi curiosidad como ningún otro lugar, compartimos el festejo de nuestro aniversario, lo que hace que tenga un vínculo muy especial; cada 10 de noviembre el pueblo potosino y mi persona, celebramos que el destino luz del alba fulgura en nuestra sien.
Potosí es una metrópoli con aura escorpiana, una ciudad misteriosa e intensa, en profunda conexión con la transformación, que te ayuda a comprender los más recónditos parajes de tu ser. A pesar de que dejó mucho de su grandeza en el pasado colonial, su energía es poderosa y magnética, una vez que respiras su aire y pisas su suelo, su gracia señorial se manifiesta intacta, todavía nos recibe con su noble hospitalidad.
En la Ciudad de la Plata tienen la capacidad de reinventarse, así como la serpiente muda de piel y el ave fénix resurge de sus cenizas, lo primero que aprendes en Potosí, es a superar la adversidad saliendo siempre fortalecido. Aquel vigor latente se refleja en todo lo que brota de esa tierra, por eso no es de extrañarse que sea la cuna del audaz Melchor Daza de Oré, basta con ver trabajar a los mineros para darse cuenta de que su espíritu es inquebrantable.
Hasta sus danzas típicas están colmadas de brío, ver bailar a los Tinkus te contagia de una pasión inexplicable, una fuerza impulsora llena de emociones intensas, capaz de inspirar a todo aquel que logre controlar su fuego. Lugar de origen del charango, fue en Potosí donde por primera vez se talló la madera, para formar su caja de resonancia, y armar su tapa armónica, con diapasón y paleta, y se le puso cinco pares de cuerdas en sus respectivas clavijas, para que cante al mundo que es un instrumento cien por ciento boliviano.
Sus monumentos contienen tanta historia que narran por sí mismos, la Casa de la Moneda que sirvió para acuñar monedas de plata en el periodo de dominio colonial, y luego en la época de las Provincias Unidas del Río de la Plata y la República de Bolivia, se convirtió en un símbolo de poder económico, pero también en un testigo de lo cruel que fue la explotación laboral; aún se puede percibir en sus muros el sufrimiento de indígenas y esclavos africanos.
La plaza principal palpita deprisa, la catedral hace que el tiempo pase más despacio, cambios constantes que la ciudad te lleva a experimentar debido a su vehemencia. El Cerro Rico atestiguante de hazañas y actos de codicia, podría hablar días enteros sobre la ambición del hombre, y también sobre las acciones desprendidas de valientes como los hermanos Nogales, hechos que te encaminan hacia un cielo afamado como el Salar de Uyuni.

El autor es Comunicador, poeta, artista.

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