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“Springsteen: Música de Ninguna Parte”, la historia de un artista al borde del superestrellato

Springsteen: Música de Ninguna Parte es una cinta biográfica musical dramática, escrita y dirigida por Scott Cooper. Protagonizada por Jeremy Allen White (Bruce Springsteen), Jeremy Strong (Jon Landau), Paul Walter Hauser (Mike Batlan), Stephen Graham (Doug Springsteen), Odessa Young (Faye Romano), David Krumholtz (Al Teller), Gaby Hoffmann (Adele Springsteen), Harrison Sloan Gilbertson (Matt Delia), Grace Gummer (Barbara Landau), Marc Maron (Chuck Plotkin), Matthew Pellicano Jr. (Bruce de niño)

Otoño de 1981. Bruce Springsteen, de 31 años, acababa de finalizar una gira sumamente exitosa de su último álbum, The River y, como era natural, los ejecutivos de Columbia Records estaban ansiosos por que volviera al estudio para crear más éxitos. Pero el estudio era el último lugar en el que Springsteen quería estar. Angustiado, agotado y con ganas de la calidez de sus viejos amigos y de la familiaridad de Jersey Shore, se refugió en una casa tranquila en Colts Neck, un pequeño poblado cerca de su ciudad natal, Freehold (Nueva Jersey) para descansar y recuperarse.

Fue durante este período, entre fines de 1981 y 1982, que el artista atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. Aislado, enfrentando los fantasmas familiares de su pasado y lidiando con los efectos de una depresión que aún no estaba listo para confrontar ni tratar, Springsteen comenzó a enfocar su creatividad en los rincones más oscuros y melancólicos de la humanidad. Inspirado por diversas fuentes –desde los relatos de Flannery O’Connor y la película Mundos bajos (1973), de Terrence Malick, hasta el álbum debut de Suicide de 1977 y la escabrosa historia real de los jóvenes asesinos Charles Starkweather y Caril Fugate–, Springsteen se grabó a sí mismo en las 10 canciones que conformarían Nebraska, una de sus obras más destacadas hasta la fecha.

Según Scott Cooper, guionista y director de Loco corazón, película galardonada con dos premios Oscar®, “en el fondo, es la historia de un alma desamparada que se repara a sí misma a través de la música. Bruce venía del enorme éxito de The River, y desde afuera parecía que todo iba bien. Pero por dentro, se estaba desmoronando silenciosamente, experimentando una especie de vértigo emocional: la sensación de que la vida que había construido ya no se correspondía con la carga que llevaba. Bruce también estaba atormentado, se sentía perseguido, no por fantasmas en un sentido gótico, sino espiritualmente. Atormentado por su padre. Atormentado por el miedo al éxito, por dejar de ser como las personas con las que creció en Freehold. De ese estado de tormento surgió, en mi opinión, uno de los discos más grandes de los últimos 50 años. Nebraska no fue planeado. Bruce no entró a esa habitación para hacer un disco. Entró porque algo profundo en su interior estaba pugnando por salir”.

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