El premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Los trabajos realizados por Aghion y Howitt versan sobre la teoría de la Destrucción Creativa desarrollada por Joseph Schumpeter en la década del 40 del siglo pasado.
Comencemos explicando la teoría. Imagine a una empresa como una molécula formada por átomos de factores (capital y trabajo). Algunas empresas tendrán, por dar un ejemplo, 50 átomos de capital y 10 átomos de trabajo, podemos asumir que esa empresa es más intensa en capital que en mano de obra, asócielo a grandes empresas; sin embargo, hay diferentes tipos de empresas, hay gran heterogeneidad en la economía, si bien en el país la gran parte estará compuesta por una mayor intensidad en mano de obra, piense en la panadería de su barrio.
Ahora, imagine que ese heterogéneo grupo de empresas es golpeado por shocks económicos, políticos, culturales, tecnológicos (para entender qué es un shock piense en la pandemia del 2020 o el cambio de gobierno, tras 20 años de masismo), ese o esos golpes reconfiguran la molécula empresarial, rompe el nexo de algunos átomos con la molécula, dejando libre (desempleando) a esos átomos, generando configuraciones “más eficientes”. El mecanismo de crecimiento y desarrollo, desde el punto de vista de muchos economistas, es esta Destrucción Creativa.
¿Aún no se entiende el concepto? Tal vez si introducimos la idea que esta por detrás del concepto y por el cual se otorgó el premio Nobel, me refiero a la innovación. Sigamos con los ejemplos y piense en las empresas públicas, muchas de ellas se crearon como prebendalismo para los que tenían la credencial del partido, seguramente todos o una gran mayoría de esos empleados sin las habilidades necesarias para desarrollar eficientemente su puesto, esa corrupción impide que se generen mejoras en los procesos por la ignorancia del militante del partido. Si la contratación o el despido estaría en manos del mercado seguramente este asignaría el factor a su máximo uso.
Y es ahí, estimado lector, donde se presenta el Nudo Gordiano. Muchos estarán de acuerdo con botar a todos los Homero Simpson de las empresas, no solo porque se acaban las donas, también porque generan pérdidas o accidentes laborales, pero la legislación laboral y la falta de institución en la época masista hace que los costos de despido sean altos, incluso imposibles si pertenece al sindicato, esto en desmedro de gente que podría aportar con ideas innovadoras. Por tanto, una conclusión ligera y apurada sería flexibilizar, mejor, liberalizar el mercado laboral con el objetivo de crear crecimiento a través de la Destrucción Creativa; sin embargo, esto puede generar precariedad laboral sin necesariamente generar alta innovación.
Volvamos unas líneas atrás, a los shocks. Los escenarios atípicos obligan a las empresas a reconfigurarse, en ese proceso habrá factores que quedaran desempleados, y no porque sean Homeros Simpson, pero la reacomodación de factores no es instantánea, es un proceso de entendimiento colectivo de las demandas de la economía, que se conoce como desempleo friccional. La historia se complica cuando los shocks cierran o migran empresas, con el potencial de generar enormes costos sociales e incluso peligros políticos e institucionales, condenando a los factores menos transables al desempleo estructural.
Es aquí donde se inserta el debate sobre flexibilización o liberalización. Mucho libre mercado puede generar precariedad a cambio de una incierta Destrucción Creativa, poca flexibilización puede generar gran dificultad en movilidad e innovación.
Bolivia está experimentando el desastre económico que nos dejó el MAS, muchas familias lo pasaran mal, pensar que el mercado puro y liberal resolverá los problemas puede dejar la tierra fértil para un pronto retorno de los Homeros.
El autor es economista.
