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Urge el retorno de la DEA

Pese a contar con una orden de aprehensión, Evo Morales se da el lujo de convocar a conferencias de prensa y a reuniones de cocaleros en su fortín chapareño, donde está resguardado por legiones de seguidores suyos. En un ampliado de cocaleros que se realizó en Villa Tunari, Morales cuestionó la apertura que manifestó Rodrigo Paz a las agencias internacionales de lucha contra el narcotráfico. Según el exmandatario “masista”, a inicios de los 90 en el país había más de 48 mil hectáreas de plantaciones de hoja de coca, y con la “nacionalización” de la lucha contra el narcotráfico esa superficie se redujo a aproximadamente 20 mil hectáreas. Como si el Chapare fuera un Estado dentro del Estado nacional, esa reunión, fundamentando su posición en el artículo 10 de la Constitución, concluyó con que no se permitirá ningún asentamiento en aquella región. Morales siempre actuó de esa manera, amenazando, violentando a las masas que lo apoyan, dividiendo.
El gobierno socialista que hundió a Bolivia en la crisis moral y económica, al dar un trato preferencial a ciertos grupos sociales, malacostumbró a ciertos segmentos de la sociedad, haciéndoles pensar que podían hacer lo que quisieran. La cultura de los bloqueos y violentas manifestaciones, por ejemplo, es uno de los rasgos de aquel trato diferenciado. El grupo más favorecido por el MAS fue, por supuesto, el del Chapare, que se dedica en su gran mayoría al cultivo de coca. Esa coca, no obstante, no es la tradicional, la que se usa para acullicar, sino la que se usa para el narco. Hay muchos informes oficiales y datos científicos que dan cuenta, de manera irrefutable, de que la coca chapareña no tiene otro fin más que la pasta base de cocaína.
En los últimos días, el presidente electo, Rodrigo Paz, expresó que los bolivianos no deben temer a la cooperación internacional, mencionando, además de Estados Unidos, a Brasil, Argentina, Paraguay, Perú y Chile. Respecto a su decisión de retomar relaciones con la mayor potencia económica, tecnológica y militar del mundo, alegó beneficios financieros y económicos, como las exportaciones por 500 millones de dólares que generaban 40 mil empleos hasta 2008 en El Alto, bajo el acuerdo del ATPDEA. Paz también criticó a Morales, diciendo que, en 2009, por una decisión ideologizada, Bolivia pasó de exportar 500 millones de dólares a solo 23 millones; también aseveró que los empleos se redujeron dramáticamente.
En los últimos años, además de convertirse en algo muy próximo a un narco Estado, Bolivia se aisló del mundo. Evo Morales y Luis Arce degradaron la política exterior boliviana y las relaciones internacionales con los países democráticos, haciendo de la Cancillería un ministerio intrascendente. Bolivia perdió prestigio en el concierto internacional, además de oportunidades a nivel de cooperación entre países… todo por un absurdo reparo ideológico.
Más allá de todo esto, ¿por qué el eventual retorno de la DEA pone nerviosos a los seguidores de Morales? A aquella agencia internacional solo le deberían temer los narcos… Y si en Bolivia hay de ellos, la DEA tendría que operar nuevamente aquí.

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