InicioSeccionesEditorial¡Basta de elefantes blancos!

¡Basta de elefantes blancos!

Los proyectos “revolucionarios” y populistas, por el afán de planificar la economía, hacen del Estado un empresario, generan miles de empleos públicos para quienes estuvieron en sus campañas proselitistas; suelen agrandar el Estado creando instituciones, corporaciones y empresas y agrandan el entramado burocrático. Lo hizo entre 1952 y 1964 el MNR, lo hicieron algunos gobiernos dictatoriales en los 60, 70 y 80 y lo hizo el MAS entre 2006 y 2025. Al final, tales creaciones terminan en un rotundo fiasco, no solo económico, pues nada aportan al crecimiento de la economía nacional, sino también moral, pues se convierten en nidos de corruptos o en agencias de empleo, a donde acude la gente mediocre que no puede ni hacer empresa privada, ni ingresar en una institución por méritos o capacidades personales ni elevar su nivel cultural o moral debido a su desidia.
Durante las dos largas y mediocres décadas del MAS en Bolivia fueron creadas muchas de estas instituciones (o reparticiones dentro de instituciones que ya había) y empresas, proyectando aquel partido la imagen de un país que se desarrollaba y daba el salto hacia la tan necesaria industrialización. No obstante, los regímenes y políticos populistas son hábiles para vender gato por liebre. Dan la idea de que el país sería próspero y rico si no fuera por la oscura mano de los empresarios privados, y que por eso el país, ya libre de éstos, puede crear empresas por aquí y allá. Sin embargo, lo que en verdad ocurre es que malgastan el dinero creando empresas que serán mal gestionadas y, peor, que serán nidos de corruptos y nepotistas. Y las masas ingenuas creen a pie juntillas aquellas ideas populistas.
Los bolivianos no deberían olvidar aquellas terribles empresas que solamente empobrecen a Bolivia, que pierden mucho más que lo que ganan. La Empresa Azucarera San Buenaventura, la Empresa Boliviana de Alimentos y Derivados, Quipus, la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos y la Empresa Pública Productiva de Cementos de Bolivia, entre otras, han presentado números rojos (es decir, déficit), además de competir con sus productos con empresas privadas que ofrecen mucho mejores productos en calidad y eficiencia (¿se podría dudar de esto último teniendo en cuenta el solo ejemplo de Quipus?), todo esto para no mencionar los casos de corrupción en que sus mediocres funcionarios se han visto envueltos en todos estos años.
La falta de una gerencia que posibilite sostenibilidad, la competencia desleal, la falta de inversión estratégica (la planta de urea y amoniaco de YPFB sufrió pérdidas debido a la paralización de operaciones) y un modelo de desarrollo fallido, son algunas de las causas por las cuales estas empresas simplemente no funcionan bien y deben ser cerradas por el siguiente gobierno, si es que éste pretende ser ético y moral. Es hora de que el Estado se reduzca, dándose paso a la empresa y los capitales privados, que siempre son más eficientes y trabajadores que el Estado-empresario.

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