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ALIMENTACIÓN EN CÁNCER

Lic. María Luisa Ticona Pardo – Nutricionista, Dietista U.M.S.A. – Cel. 69969618

En los últimos años, se está viendo que determinados hábitos alimentarios y estilos de vida poco saludables se relacionan con un aumento del riesgo de padecer cáncer., la dieta es el factor más influyente en el desarrollo de esta enfermedad.

En todos los tipos de cáncer, hay factores no modificables como la genética, si tenemos antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, la edad (ya que a partir de los 50 años aumenta el riesgo), el sexo, ya que es más frecuente en hombres que en mujeres, factores hormonales como la edad de menarquia y menopausia… Pero también hay factores modificables como pueden ser el alcohol, el tabaco, la inactividad física, sobrepeso u obesidad, exposición a radiaciones ionizantes.

No hay ninguna dieta milagrosa para prevenir o vencer al cáncer de mama, ya que hay factores no modificables que hemos nombrado anteriormente. Pero sí que podemos llevar una alimentación saludable para disminuir el riesgo de desarrollar cáncer: aumentar el consumo de frutas y verduras, reducir el consumo de grasas «trans´´ y grasas de origen animal, reducir el consumo de azúcares evitar el alcohol y el tabaco, es decir, una alimentación saludable.

En esta enfermedad no hay alimentos permitidos y prohibidos. Pero sí que hay alimentos protectores frente al cáncer:

  • Frutas y verduras: por su contenido en fibra, vitaminas y fitoquímicos. El consumo de brócoli, coliflor, podrían reducir el cáncer colorrectal.
  • Cereales integrales: hay una relación inversa entre el consumo de cereales integrales y la aparición de cáncer colorrectal
  • Legumbres: por su contenido en fibra, fitoquímicos y minerales
  • Leches y lácteos: hay una pequeña asociación entre el consumo de lácteos (por su contenido en calcio) y un menor riesgo de cáncer colorrectal.

Podemos evitar o disminuir el consumo de alimentos con potencial carcinogénico, ya que algunos de los siguientes grupos de alimentos están relacionados con un aumento del riesgo de algunos tipos de cáncer:

  • Carne roja: relacionada con un aumento del riesgo de cáncer colorrectal.
  • Carne procesada (embutidos, ahumados, adobados): relacionados con mayor riesgo de cáncer colorrectal
  • Grasas saturadas: relacionadas con un aumento de riesgo de cáncer de mama, próstata, gástrico y colorrectal
  • Azúcares: las dietas ricas en azúcares se relacionan con un aumento del riesgo de cáncer de páncreas.
  • Alcohol: relacionado con un aumento del riesgo de cáncer oral, esofágico, colorrectal y de mama

Si tenemos náuseas y/o vómitos, evitaremos entrar a la cocina a preparar los alimentos, y dejaremos que cocinen para nosotros.
Si como consecuencia de la quimioterapia notamos sabor metálico en la boca, evitaremos las carnes rojas, y elegiremos pescados, pollo.
Otro punto muy importante, es llegar «fuerte´´ a las sesiones de quimioterapia, con unos niveles óptimos de proteínas séricas, ya que de esta manera mejorará la tolerancia y la eficacia del tratamiento. Para poder conseguir esto, es importante consumir suficientes proteínas, evitar la pérdida de peso, y realizar actividad física dirigida.

Lo más importante si queremos cambiar nuestra alimentación con el objetivo de conseguir una mejor calidad de vida durante el desarrollo de la enfermedad, o una mejora de la tolerancia y la eficacia de los tratamientos, es ponerse en manos de profesionales como una Nutricionista -Dietista especializada. para poder personalizar tu dieta según necesidades.

Por supuesto, mantener la masa muscular es primordial durante todo el proceso oncológico. Además, la actividad física nos hará sentirnos mejor, mejorará la tolerancia al tratamiento y potenciará nuestro sistema inmune.

En los últimos años se ha visto la relación entre la vitamina D y el cáncer. La vitamina D regula el crecimiento y la diferenciación celular, por lo que unos niveles adecuados de vitamina D, se correlacionan con un menor riesgo.

Es importante también el consumo de proteínas, ya que estas son la base del sistema inmune. La cantidad de proteínas de cada paciente debe ser personalizada.
A nivel hospitalario o ambulatorio, hay suplementos orales de inmunonutrientes (arginina, glutamina, omega-3…) en forma de batidos, en ocasiones enriquecidos en proteínas y de alto valor energético, que ayudan a potenciar el sistema inmune y disminuir o frenar la pérdida de peso relacionada con esta enfermedad.

“NUTRICIONISTA CUIDANDO TU SALUD “

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