En ciertas ocasiones es frecuente oír a los hijos decir: ¡Mi padre llega muy tarde a casa por las noches!; ¡Mi padre no ha podido firmar mi libreta escolar!; ¡Profe, mi padre me dice que él no tiene tiempo de ayudarme con las tareas, que eso es responsabilidad de la escuela! Cuando mi padre está de mal humor, ¡grita y rompe cosas!
Indiscutiblemente que expresiones de esta índole, surgen en muchos hogares, sobre todo cuando el padre “delega” acciones o responsabilidades a otros miembros de la familia, recayendo muchas en la madre (sexo considerado débil, pero solo para aquellas que desean ser débiles), que debe atender al hogar, a los hijos y a él. Por supuesto, el daño más relevante es, tarde o temprano, para los descendientes: sus hijos.
Ante esta situación nada agradable, en la que los papás aducen falta de tiempo para la educación de sus hijos, se hace muy necesario reflexionar sobre la importancia del padre en la vida de familia y en su aporte al desarrollo de los hijos. De esta manera podemos señalar que el padre es el primer modelo de hombre que tienen sus hijos. De ahí la importancia de su presencia, es la primera persona que, junto con la madre, forjarán las primeras experiencias de los hijos.
El padre ocupa un lugar destacado para configurar la pertenencia de los hijos a una familia, a una sociedad. El padre es una ayuda para el desarrollo social de los hijos, para su equilibrio emocional, por ello es necesario que él posea una personalidad equilibrada, sin rasgos de dominación, mucho menos de subyugación. Su actuación ante los hijos debe basarse en la afectividad y en la negociación, antes que convertirse él en dominante o sobreprotector.
El padre como un modelo pro-activo, debe sacar lo positivo de cada circunstancia por la que atraviesan sus hijos. Él debe ser modelo de esposo, ejemplo de trato y comunicación con la pareja.
Y si él faltase, ¿qué sucedería? Se evidenciaría una pérdida de contacto afectivo y lúdico con los hijos. La presencia del padre, su comunicación con los hijos, el tiempo que dedica a jugar con ellos es de vital importancia en la construcción del aparato psíquico del niño y el desarrollo de su autoestima. La dinámica familiar es de importancia considerable para el desarrollo del concepto de familia del menor.
Aparición de conductas regresivas: insomnio, rabietas, angustia por separación de la madre, pérdida del control de esfínteres, regresión en los hábitos de limpieza, estancamiento en las adquisiciones cognitivas, temores fóbicos. En la interacción paterno-filial, el padre contribuye al desarrollo emocional del hijo al proyectarse en su mente como una persona competente, fuerte y segura de su masculinidad.
Contribuye de igual forma al mostrarse afectivo en su trato. Esto ayudará a forjar personas competentes y seguras en sus vidas. Por cierto, ¿es usted uno de ellos? Por suerte cada vez existen más padres conscientes de su papel y aportación a la vida de familia y a la educación de sus hijos.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
