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Bolivia: 200 años

Ni apologías desmedidas, ni lamentos inmoderados. Tratemos de ver la realidad de forma objetiva. De poner en una balanza los logros y fracasos de este país cuyo nombre se debe al Libertador Simón Bolívar, para encarar con sentido de oportunidad el futuro.
Los bolivianos sienten una especie de pesadez crónica desde los terribles hechos de 2019 que fueron resultado de una elección fraudulenta, y luego ya por la crisis económica que comenzó a sentirse fuerte cuando empezó a escasear el dólar. Además, las instituciones están pulverizadas, los jóvenes no encuentran trabajo y el futuro está marcado por la incertidumbre. Cómo no quisiéramos celebrar la nacionalidad bicentenaria, pero ello no es posible en tanto la gente siga viviendo en un país en el que no hay oportunidades ni Estado de Derecho.
A eso se debe que tan magna fecha esté siendo “celebrada” con tan poco ánimo, con tan poco esplendor. Un país como Bolivia, de tradición festiva y con un régimen populista como el que hoy lo gobierna, debiera haber tirado la casa por la ventana, pero no lo hará porque, primero, no existe entusiasmo y, segundo, no hay dinero para ello.
A lo largo de estos doscientos años, muchos intelectuales y pensadores escépticos pusieron en cuestión la factibilidad de la nación boliviana, su funcionalidad… Hace un siglo, cuando se “celebraba” el centenario, periódicos e intelectuales se preguntaban lo mismo: ¿hay motivos para celebrar tan accidentada historia nacional en la que no hubo más que ambiciones de caudillos e inestabilidad política y administrativa? Así, los motivos para celebrar no son pocos solamente ahora: fueron muy pocos también en 1925.
Tal vez debamos cuestionarnos —nuevamente— cuáles son las características que nos hacen bolivianos, qué es lo que hay en común entre un cruceño y un paceño, entre un chapaco y un pandino o entre un trinitario y un potosino, que les haga pensar que deben convivir en comunidad y construir un horizonte común. Desde el racionalismo, parece no haber mucho. No obstante, algunos historiadores y pensadores sí hallan algunas “razones históricas” para que la masa social que habita este territorio heredado de la Audiencia de Charcas deba permanecer unida.
De todas formas, por la crisis, el bicentenario, cuyas celebraciones se llevan a cabo en Sucre, pasa total y lamentablemente deslucido. Hace unos días, Luis Arce presentó una moneda conmemorativa edición Bicentenario, pero habría que cuestionar cómo el régimen celebra el Bicentenario si aquel sostiene que en 2009 Bolivia se “refundó” …
Sin embargo, a pesar de sus fracturas históricas, de su precariedad institucional y de sus crisis cíclicas, por la persistencia del mito nacionalista, del autoritarismo o de una relativa convicción democrática, Bolivia prevaleció y hoy cumple 200 años. Por tanto, cabe homenajear a un país que espera, por consiguiente, gozar de políticos que estén a la altura del desafío que la nación tiene de cara a su tercer centenario: la democracia, la unidad y el desarrollo integral. ¡Felicidades, Bolivia!

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