Quien fuera el primer presidente de Bolivia nació un día como ayer, 24 de julio, pero de 1783, en Caracas, Venezuela. La existencia de personas como aquella constituye todo un acontecimiento histórico, pero además una suerte misterio cósmico; puede tratar de entendérselo no solo desde el racionalismo, sino desde la intuición. Un Sócrates, un Leonardo, un Goethe, un Napoleón, un Bolívar, no se explican solo con la razón, sino también con el espíritu.
¿Cómo tejerá el destino sus hilos para que, en ciertos momentos, nazcan sobre la faz del mundo personajes que cambian el curso de la historia? Nacen en el momento indicado, obran dejando una estela como flor inmarcesible y finalmente mueren. Normalmente, sus vidas suelen ser breves. Hacen lo que deben hacer y se van.
Definitivamente no se puede desconocer que la historia es una suma de movimientos de grandes masas sociales, pero tampoco se puede negar que sin el concurso de individuos geniales aquella no sería la misma ni, mucho menos, se hubiese desarrollado. Thomas Carlyle decía que son los grandes individuos quienes realmente hacen la historia. Simón Bolívar es uno de esos “héroes” carlyleanos, una de esas estrellas de la historia y el destino.
Se puede medir e interpretar al Libertador desde diversas perspectivas: la política y militar, por supuesto, pero además la intelectual: como pensador y filósofo, como legislador, como comunicador y poeta… Existe una cantidad sorprendente de libros biográficos escritos sobre este hombre singular; escritores, historiadores y biógrafos de la talla de Emil Ludwig, John Lynch o Indalecio Liévano Aguirre se ocuparon de escribir estudios y semblanzas que tratan de trazar el perfil psicológico del soñador de la Gran Colombia. La reseña razonada sobre la vida del genial militar y político supone aquilatar aciertos y gracias, pero también algunas miserias y pequeñeces, que están presentes en todo gran espíritu.
Bolivia fue su “hija predilecta”, pero también un país que le dio no pocos dolores de cabeza. El Libertador, pues, sentía turbado su espíritu cuando se le pasaba por la cabeza la idea de que Bolivia pudiera sumirse en el caos y la anarquía… Y, efectivamente, eso fue lo que pasó. Por ello, acaso lo que hubiera preferido fuera la confederación de Estados, en vez de su independencia. Pero lo importante es recordar los ideales del “caballero de la gloria y de la libertad”, como lo llama Emil Ludwig en la biografía que escribió sobre el venezolano universal… Ideales de libertad.
A lo largo de las últimas décadas de socialismo del Siglo XXI, Bolívar, mediante una interpretación selectiva de su legado, fue asociado por los gobiernos izquierdistas con el progresismo de izquierdas, y en un descabellado intento de relacionar sus ideas con las de los tiranos de Venezuela, se dijo que Bolívar fue precursor de la “Revolución Bolivariana”. No obstante, Bolívar fue un liberal, todo lo que no son los autócratas del Socialismo del Siglo XXI, que destruyeron sus respectivos países.
El Libertador, a 242 años de su natalicio
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