Según estudios internacionales, Bolivia está en la zaga del desarrollo económico. El mejor respaldo que puede tener este desarrollo boliviano está en la capacidad de sus recursos humanos y recursos naturales. Recordemos que en los 200 años de vida republicana –que cumple nuestro país en este 2025–, el país basó su crecimiento en la explotación de recursos naturales. En la época colonial y los primeros años de la república, fue la explotación de la plata, posteriormente del caucho en Pando y del estaño en el occidente, y después del petróleo, el cual se agotó; y como van las cosas, la próxima explotación sería del litio.
Esto lo expresaron de manera reiterada varios analistas de la economía nacional, quienes remarcan la necesidad de que el desarrollo económico se enfoque en la mejora de la calidad de vida de la población, elevar el bienestar social, y mejorar la inclusión y la sostenibilidad ambiental.
Debe quedar muy claro, a todos los bolivianos, que el desarrollo económico es el proceso por el cual un país espera mejorar su capacidad para generar riqueza y la calidad de vida de sus habitantes. Para ello no solo debemos incrementar la producción y mejorar los ingresos. Es necesario completar estas acciones con cambios estructurales que se traduzcan en crecimiento sostenible y equitativo a largo plazo.
En la segunda quincena de abril de este año, el Banco Mundial remarcaba que, cuando se acabó el boom de las materias primas en el país, en 2014, la solución fue aumentar el crédito interno, seguir con un elevado gasto público para mantener el crecimiento económico.
Esta política gubernamental se tradujo en el aumento de la deuda pública y la paulatina reducción de las reservas internacionales y los ahorros fiscales acumulados durante la bonanza. La situación económica nacional se vio agravada por la crisis sanitaria provocada por el Covid-19.
Varios factores afectan negativamente al crecimiento de la economía. Bolivia está expuesta a riesgos provenientes del contexto externo, como la volatilidad de los precios de las materias primas, la desaceleración global y shocks en los mercados internacionales. También están los desastres climáticos, como inundaciones, incendios forestales y sequías, que afectan a varias regiones del país.
A fines del mes pasado se informaba que una delegación nacional participaba en la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo (FfD4), que se llevó a cabo en Sevilla (España) con delegados de los sectores público y privado, para debatir estrategias que permitan movilizar recursos e impulsar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Esta Conferencia hizo un llamado para consolidar compromisos concretos en torno a la acción climática, la equidad global y la movilización de recursos a fin de poder desarrollar políticas públicas transformadoras.
En términos sencillos, el desarrollo económico está ligado a la capacidad de un país para producir bienes y servicios, asegurando que la población disfrute de un bienestar general. Un país desarrollado no solo crece económicamente, sino que también garantiza que sus ciudadanos vivan mejor, con acceso a educación, salud y oportunidades para prosperar.
El desarrollo económico se lo puede apreciar por algunos de estos indicadores clave:
– Una alta calidad de vida para los habitantes.
– Crecimiento económico sostenible en el tiempo.
– Equitativa distribución de la riqueza.
Debemos entender que un nivel de calidad de vida no implica acabar con los recursos naturales utilizados para la producción.
Para medir el desarrollo económico de forma adecuada, se debe tomar tanto parámetros cuantitativos como cualitativos y considerar la eficiencia en los procesos productivos, la atención de las necesidades de las personas y los efectos en el medio ambiente.
Entre muchos factores que influyen en la capacidad de un país para alcanzar el desarrollo, tenemos el acceso a materias primas y fuentes de energía; estabilidad política; de control y castigo a todos los actos de corrupción; gestión pública eficiente; mejorar el capital humano facilitando el acceso a la educación y atendiendo sus necesidades básicas; aumentando la Inversión en innovación y desarrollo; ofreciendo seguridad jurídica, cuidando del medio ambiente y abriéndonos al comercio exterior.
Bolivia tiene potencial para un desarrollo económico. Los empresarios estamos dispuestos a trabajar con un gobierno que garantice la actividad privada.
El autor es economista, Académico de Número de la ABCE y Presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
