Hace un tiempo escribí un artículo analizando a Maximilien Robespierre y su rol histórico durante la Revolución Francesa. Sin duda, hablamos de un personaje extraordinario, quien en sus inicios fue gran precursor de los derechos humanos y de la libertad de expresión, para después pasar a ser el gran “director” de la Revolución Francesa. Es curioso cómo un hombre que empezó influenciado por la corriente de las “lumieres”, terminó convirtiéndose en uno de los personajes más controversiales de la historia.
Robespierre jamás titubeó jamás y se encargó de ser totalmente contundente contra aquellos que consideraba que buscaban detener la revolución y todos los cambios impulsados por ésta. Su idealismo y compromiso fue tal con la revolución, que se ganó el apodo de “El Incorruptible”, mostrando su carácter de hierro.
Su liderazgo fue clave para el triunfo de la revolución; sin el mismo, ésta habría sido un gran fracaso. Para lograr su cometido, Robespierre cometió múltiples acciones cuestionables, pero se justificó con el viejo concepto de que “el fin justifica los medios”. Desgraciadamente, y ya al haber perdido la razón, su vida terminó en la guillotina, irónico, ya que fue su arma favorita para castigar a todos los que se oponían a la revolución. Empero, es innegable su entrega a la revolución, algo pocas veces visto, solo superado por el amor del gran Julio César a Roma.
Retornando a nuestro contexto, hoy Bolivia está sumida en crisis, miseria, caos e inseguridad. Pocas veces hemos tenido una situación tan compleja y, a diferencia de otros tiempos, ahora no se cuenta ni con liderazgos idóneos y mucho menos partidos políticos capaces de sacrificar todo, con tal de salvar a la nación. La situación es deprimente, el país está destruido, el MAS está a nada de implantar una dictadura con estilo venezolano y la “oposición” está perdida en la luna.
Suponiendo que no hubiera fraude en estas elecciones y ganara la oposición, eso no es motivo para celebrar, pues deberá enfrentarse a una gestión compleja, en la cual lo último que habrá es gobernabilidad. Se estima un parlamento sumamente dividido, en donde llegar a consensos será muy complejo; todo parece indicar que enfrentaremos una situación parecida a la del gobierno de la UDP.
Se necesita un margen de acción muy favorable y amplio para detener rápidamente la crisis económica y hacer los cambios estructurales necesarios para salvar Bolivia, algo que no pasará en la próxima gestión. Sin margen de acción, con leyes socialistas y una CPE nefasta, es muy difícil actuar y poder dar un cambio de rumbo real al país. En otras palabras, estamos en una situación terrible.
Lo más triste es que Bolivia tiene todo para ser una gran potencia regional, solo se necesitan genuinos líderes y proyectos políticos correctos. Reconstruir al país tomará mucho tiempo, pero bajo las circunstancias actuales, no creo que haya “luz al final del túnel”, se vienen tiempos oscuros.
Por esto es necesario que aquellos que queremos una mejor nación nos unamos y busquemos una solución real para salvar a Bolivia. Basta de que destruyan la patria, de que siempre estemos destinados a un rol de subalterno y que el caos reine. Bolivia merece algo mucho mejor, un cambio que pueda por fin darle ese impulso que necesita para tener un crecimiento estable.
Es necesario construir un gobierno que sea “incorruptible”; no hay lugar para titubeos, ni tener consideraciones con aquellos que han destruido al país. Se necesita un gobierno fuerte que tome acciones rápidas y salve a Bolivia; de lo contrario, caeremos en el comunismo total.
Salvar a Bolivia es la gran causa y esta jamás debe corromperse, peor en tiempos tan complejos. Si esta causa es respetada y la búsqueda por su realización es incansable, estoy seguro de que vendrán tiempos mejores. Es ahora cuando las voluntades más fuertes deben imponerse y los bolivianos mostrar de qué estamos hechos.
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