Durante los siglos XIX y del XX, diversas mujeres francesas desempeñaron un papel destacado en el desarrollo de la educación, las letras, la música y las artes en Bolivia. Su influencia, aunque en gran medida olvidada por la historiografía tradicional, fue decisiva en la formación de generaciones y en la consolidación de instituciones educativas y culturales.
En el ámbito formativo, vale la pena destacar la llegada –o mejor dicho, el intento de llegada– de las religiosas de los Sagrados Corazones, convocadas por el gobierno del mariscal José Ballivián en 1846. No obstante, una revolución interna en Bolivia impidió su arribo. Sobre este hecho, el escritor José María Santiváñez escribió en su obra ‘Vida del general José Ballivián’: “…quedaron detenidas en Lima, con motivo de la revolución que en tales momentos tenía lugar en Bolivia… una de aquellas profesoras, la Sra. Payet, llegaba a La Paz 36 años después, a tomar datos para fundar una institución de este linaje”. Fue así que, finalmente, el 29 de octubre de 1883 se estableció el Colegio de los Sagrados Corazones en La Paz. Esta institución fue fundada por la Madre Hermasia Paget y la Superiora reverenda Madre Leónidas Brot, con el acompañamiento del reverendo padre capellán Francisco Ezequiel Soto y doce religiosas entusiastas. Este colegio no solo marcó un hito en la educación femenina en Bolivia, sino que también introdujo métodos pedagógicos modernos, en línea con la tradición francesa de formación integral.
En el campo literario, rescatamos la figura de Blanche de Riviére, una autora de origen francés que dejó una huella singular en las letras bolivianas del Siglo XIX. Su composición titulada ‘Amor ideal’ fue publicada en el periódico El Comercio de La Paz, el 4 de febrero de 1882. El texto, revela no solo una sensibilidad lírica refinada, sino también una participación activa en los espacios públicos de escritura, en un contexto donde la voz de las mujeres era rara en la prensa.
En el ámbito musical, destacó la creación en octubre de 1906 del Conservatorio Nacional de Música por iniciativa de Emilia L’Houmeau des Essarts de Radbil, maestra francesa de piano y canto. Su labor fue fundamental para la institucionalización de la enseñanza musical en Bolivia.
En el campo del arte, rescatamos a Arlette Coudert, quien en mayo de 1973, presentó una exposición indigenista dedicada a Bolivia, sobre ello EL DIARIO en su edición del 20 de mayo de dicho año, destacó: “En la paleta de Arlette –y en su inquieta espátula, que todo da contornos carnosos y rasgos ásperos– se han prendido mantas, ponchos, llijllas y polleras con todo su colorido nativo”.
Es así que, a través de la educación, la literatura, la música y las artes, estas mujeres francesas dejaron una impronta profunda en la vida cultural boliviana. Su legado todavía poco explorado merece un lugar más visible en la memoria histórica del país.
La huella femenina francesa en Bolivia
José E. Pradel B.
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