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Tardías soluciones y crisis mortal

Desde que en 2006 el MAS, partido acaudillado por el cocalero Evo Morales, llegó al gobierno, este medio de comunicación no dejó de observar la evolución económica nacional. En ningún momento se dejó de señalar que las medidas económicas que estaba poniendo en práctica el masismo eran negativas y contrarias a los intereses del país. Se remarcó, en todos los casos, que el gobierno de Evo Morales, dictaba medidas fáciles, pero incorrectas, que conducían a Bolivia a situaciones difíciles. Sin embargo, los gobiernos del MAS entre el 2006 y el presente año, no hicieron caso a las observaciones de este medio informativo. Al contrario, las rechazaron. 

Pasados cerca de veinte años, las críticas hechas de manera oportuna se confirmaron, en los hechos, como correctas y, al presente no se puede negar que este periódico estaba en lo correcto. No solo eso, sino que los numerosos comentarios que surgieron desde la opinión pública, en el mismo sentido, también se comprobó, paulatinamente, que estaban en lo cierto. En efecto, como resultado de medidas erradas de gobiernos masistas, el país ahora se halla en un estado de crisis general, pronosticado como catastrófico y sin soluciones a la vista. Por ello se vislumbra un cielo de tempestad.

La crisis general, en términos económicos, políticos y sociales, que hoy muestra el país, es poco menos que pavorosa y, en medio, no son tomadas medidas de fondo, sino que se atiende aspectos secundarios, inclusive de manera tardía y con efecto de corto plazo.

No solo eso, los gobernantes de turno quieren liberarse de la papa caliente lo más rápido posible y los candidatos a la presidencia quieren tomar en sus manos el asunto como si fuera de fácil arreglo. Por eso anuncian soluciones en un abrir y de cerrar de ojos, gracias a su presencia, sin darse cuenta que un nuevo gobierno, sin planes adecuados, puede también solo continuar el régimen del desastre.

Como muestra de ello, el gobierno arcista ha anunciado un programa de once puntos para enfrentar la crisis. Tal anuncio es tardío y cortoplacista, se limita a los efectos de la crisis heredada de los veinte pasados años, no atiende las causas de la debacle. Pero también los privados buscan beneficiarse sin tener en cuenta la realidad general del país. En efecto, los agricultores del oriente también han propuesto soluciones, pero solo velando por sus intereses. Piden libre exportación, abundancia de dólares y soluciones efímeras. No salen de un empirismo positivista.

Finalmente, otros burócratas insensibles y satisfechos, como son muchos políticos que vegetan en sus partidos, ven las cosas por su apariencia y carecen de capacidad para entrar al fondo de los asuntos y tener perspectiva histórica. Este panorama es más dramático. El pueblo boliviano busca salidas a esta crisis histórica únicamente de manera inconsciente, no sabe de dónde viene ni a dónde va. Más aún, esa crisis general se produce cuando la república va a cumplir doscientos años de su fundación. Como dijo Carlos Montenegro: “Bolivia es un pueblo de gigantes, pero de gobernantes muy pequeños”.

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