Por Susana Gutiérrez
Carolina Schilling es mucho más que un rostro en las pasarelas. Con una sólida formación en marketing digital, administración e ingeniería industrial, y un espíritu inquebrantable como activista, ha logrado fusionar todas sus facetas en un proyecto de gran impacto social: «Segunda Vida». Esta iniciativa busca transformar la realidad de la adopción de animales en Bolivia, conectando corazones y generando conciencia sobre un estilo de vida más compasivo.
¿Qué te impulsó a fundar «Segunda vida» y cuál es la misión principal de tu proyecto?
Segunda Vida nació de mi amor por los animales y del deseo de aportar una solución real y consciente al problema de la adopción. Me di cuenta de que muchos refugios hacen un trabajo maravilloso rescatando peluditos, pero no siempre tienen los medios o el alcance para darles visibilidad.
Así surgió la idea de crear una plataforma que funcione como puente: conectamos refugios con adoptantes a través de perfiles personalizados en nuestra página web, mostrando a cada animal con su historia, su energía y su esencia.
Nuestra misión es facilitar adopciones responsables, darles una segunda oportunidad a quienes más la necesitan, y al mismo tiempo generar conciencia sobre la importancia de adoptar con el corazón
También buscamos algo más profundo: despertar sensibilidad en un mundo que muchas veces se olvida de lo esencial.
Segunda Vida no es solo un proyecto. Es una forma de recordar que siempre se puede volver a empezar, incluso para quienes han sido olvidados.
¿Cómo integras tu activismo por los animales y la promoción del consumo consciente y sin crueldad dentro de las actividades de «Segunda vida»?
Para mí, el activismo no es solo protestar o señalar lo que está mal, sino crear alternativas reales y accesibles para vivir de forma más compasiva. En Segunda Vida, promovemos ese cambio desde el ejemplo: al visibilizar historias de animales rescatados, no solo impulsamos la adopción, sino que también despertamos sensibilidad y empatía hacia todos los seres vivos.
Además, usamos nuestras redes y espacios de comunicación para hablar de temas como el consumo sin crueldad, la alimentación consciente y la relación que tenemos con los animales más allá de las mascotas.
Creemos que adoptar no es solo un acto de amor, sino un primer paso hacia una forma de vida más coherente, responsable y conectada con el bienestar de todos los seres.
- ¿Cuáles son los pasos clave que visualizas para lograr esta expansión y qué impacto esperas generar a largo plazo?
Mi visión a largo plazo con Segunda Vida es expandirnos como la plataforma de adopción más confiable y amorosa de Bolivia y porqué no, de Latinoamérica, donde cada refugio, cada animal y cada adoptante pueda encontrar un espacio de conexión real.
Quiero que se convierta en una red que no solo facilite adopciones, sino que también eduque, inspire y transforme la forma en la que vemos a los animales: no como objetos, sino como seres con historia, emociones y derechos.
A futuro también me gustaría sumar nuevas herramientas tecnológicas para optimizar el proceso, alianzas con marcas que compartan nuestros valores y campañas educativas que lleguen a escuelas y comunidades.
Segunda Vida no es solo un proyecto de adopción, es una semilla para cambiar conciencia y crear un mundo más compasivo, paso a paso.
¿De qué manera tus conocimientos en marketing digital te han ayudado a impulsar y dar a conocer «Segunda vida»?
El marketing digital ha sido una herramienta clave para convertir mi propósito en algo visible y accionable. Gracias a lo que aprendí en ese mundo, pude construir una marca auténtica, emocionalmente cercana y alineada con los valores del proyecto.
Desde cómo contar las historias de los animales hasta cómo crear contenido que genere conciencia sin juzgar, todo lo pienso desde una comunicación sensible, pero también estratégica.
Hoy en día, visibilidad es poder, y saber cómo usarla con ética me permitió posicionar a Segunda Vida como un proyecto con alma, pero también con impacto. Porque cuando el mensaje es genuino, la tecnología y las redes se vuelven puentes para transformar realidades
Tu formación es muy diversa: marketing, administración, ingeniería industrial. ¿Cómo crees que esta combinación de conocimientos te ha preparado para liderar un proyecto como «Segunda vida»?
Creo que todo en mi camino fue preparándome, sin saberlo, para este proyecto. La ingeniería me dio estructura mental, capacidad de análisis y resolución práctica de problemas. La administración me enseñó a organizar recursos, proyectar a largo plazo y tomar decisiones con visión. Y el marketing digital fue lo que me permitió conectar todo eso con las personas, contar historias reales y emocionar sin dejar de ser estratégica.
Pero, sobre todo, lo que me dio esta combinación es algo que valoro mucho: la capacidad de unir lo racional con lo emocional. Segunda Vida no es solo una idea linda, es una estructura viva que necesita gestión, comunicación, empatía y acción concreta. Y todas esas herramientas las fui construyendo con cada etapa de mi formación.
Como modelo con propósito, ¿cómo utilizas tu plataforma para difundir el mensaje de «Segunda vida» y promover el consumo consciente?
Para mí, ser modelo no es solo representar marcas, sino también representar valores. Uso mi visibilidad para mostrar que la belleza y el propósito no están peleados al contrario, cuando hay coherencia entre lo que mostras y lo que vivís, el mensaje llega con más fuerza.
En cada espacio, donde tengo presencia sea una pasarela, una entrevista o una red social busco abrir conversación sobre el respeto hacia los animales, el poder de adoptar y la importancia de elegir con conciencia.
Segunda vida y mi rol como modelo no son dos mundos separados: son una misma voz que quiere inspirar a vivir con más amor, más empatía y menos indiferencia. Creo profundamente que lo verdaderamente atractivo es tener algo que decir y una causa que defender.
¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en iniciar su propio proyecto social o activista?
Que empiece, aunque tenga miedo. Que no espere a tener todo resuelto, todo perfecto o todo claro. Los proyectos con alma nacen desde una necesidad profunda y se van construyendo paso a paso, con mucha entrega y mucha verdad.
También les diría que se rodeen de personas que los inspiren, que aprendan a sostenerse en los días difíciles, y sobre todo, que recuerden por qué empezaron. Cuando el propósito es real, el camino se acomoda.
Y algo clave: que no se olviden de cuidarse. A veces, por querer salvar el mundo, nos abandonamos a nosotros mismos. Pero el verdadero activismo empieza dentro de uno: cuando lo que hacés está en coherencia con lo que sentís y con lo que soñás.
¿Cuál es el mayor aprendizaje que has obtenido hasta ahora a través de tu experiencia con «Segunda vida»?
Que todo ser vivo necesita ser visto. Muchos de los animales que ayudamos pasaron por el abandono, por la indiferencia, por el olvido… y aún así, cuando alguien los mira con amor, se transforman. Lo mismo pasa con las personas.
Segunda Vida me enseñó a mirar más allá de lo superficial, a confiar en los procesos, y a entender que a veces una sola acción como compartir un perfil, hacer una conexión o dar una oportunidad puede cambiarlo todo.
Aprendí que ayudar no es dar lo que te sobra, sino dar desde donde estás, con lo que tenés, y con el corazón abierto. Y también aprendí que cuando hacés algo con propósito, el universo entero encuentra la forma de sostenerte.
¿Cómo manejas el equilibrio entre tu carrera en el modelaje, tus estudios y tu compromiso con el proyecto»?
No siempre es fácil, y no busco que lo sea. Para mí, el equilibrio no se trata de dividirme en partes iguales, sino de estar presente y conectada con lo que hago en cada momento.
Hay días en los que estoy en una pasarela, otros en los que estudio o gestiono el proyecto con refugios. Pero en todos ellos intento llevar la misma energía: compromiso, sensibilidad y propósito.
Aprendí a organizarme, a priorizar y a rodearme de personas que creen en lo que hago. Y sobre todo, aprendí a escucharme. Porque cuando una está alineada con lo que ama, el cansancio se vuelve satisfacción y el esfuerzo tiene sentido.
