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Restricciones y más restricciones

Hace poco el Gobierno de Arce ha puesto una serie de restricciones a la exportación de la carne, principalmente de res, para “regular” el mercado interno. Lo de regular es realmente una ilusión, porque una regulación verdadera sería una estabilización del mercado y no un control de precios, que lo único que genera es especulación y mercados negros.
Hace pocas semanas, el presidente de la Cámara Nacional de Exportadores, Logística y Promoción de Inversiones de Bolivia, Oswaldo Barriga, declaró que las restricciones irracionales del Gobierno están ocasionando una pérdida diaria de más o menos 600 mil dólares. Corroboró que las restricciones gubernamentales nada están estabilizando, sino solamente generando especulación. Y es obvio; es cuestión de hacer solamente un ejercicio de lógica: si en el mercado se pone cortapisas para esto y aquello, el ofertante o vendedor tratará de evadir aquellas amarras que lo obligan a vender sus bienes o servicios con un precio que probablemente no sea rentable para él.
La intención del gobierno era la baja del precio de la carne, pero sucedió lo exactamente contrario: el precio fue escalando, hasta llegar en algunos mercados a los 80 bolivianos por kilo, precio que es estratosférico para miles y miles de familias con recursos limitados. ¿Esto es el socialismo? Muchos —como la líder feminista María Galindo— dicen que no, que el socialismo es otra cosa muy diferente. Lo que muestran los hechos es algo distinto. En todos los países donde se aplicó este tipo de medidas de restricción a las exportaciones o altas tasas impositivas terminó habiendo escasez, desempleo o dificultades económicas de otra índole… para los más pobres, no para las élites de poder. La receta del socialismo, aplicada de manera más o menos similar en todos los países donde subieron regímenes socialistas, lleva en sí mismo el germen de la escasez de recursos y el empobrecimiento.
El sector exportador pide al Gobierno que sean eliminados los cupos de exportación, ya que ello daría un respiro a la economía de los bolivianos. Uno de los principales compradores de carne boliviana es China, pero si China ve que la carne boliviana ya no puede salir hacia su territorio, no espera que las cosas se solucionen: simplemente buscan otros proveedores. Otro de los problemas es el de la inseguridad jurídica. En un país donde la justicia no falla según el derecho, sino según los políticos corruptos, ¿qué puede hacer el inversor o el empresario para seguir produciendo y exportando?
Los gobiernos estatistas no conocen el esfuerzo que significa generar empresas y mercados. Como dijo Oswaldo Barriga, “abrir el mercado de la carne nos costó 30 años de trabajo, generando todas las condiciones sanitarias internas, certificándonos y después haciendo que el gobierno chino venga a certificar…”. Sin embargo, el de la carne no es el único sector restringido; también lo están el del trigo, el de maíz, el de arroz, el oleaginoso… El aparato productivo está en riesgo, y todo por políticas irracionales, impregnadas de ideología y desprovistas de sentido de oportunidad y patriotismo.

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