InicioSeccionesEditorialTratamiento noticioso del “caso Joker”

Tratamiento noticioso del “caso Joker”

Uno de los fenómenos criticables de lo que supuso el lamentable hecho ocurrido la madrugada del domingo 13 de abril del presente año en puertas de la discoteca paceña Forum, más allá del escabroso proceso judicial que se inició por ese motivo, fue el enfoque con que parte de la prensa nacional informó sobre la muerte producida esa noche, enfoque que repercutió en cómo la opinión pública asumió el hecho. Y es que la prensa sensacionalista, esa que ahora abunda en casi todo el mundo, no puede prescindir de adjetivos escandalosos para atraer televidentes, radioyentes o lectores. En lo que concierne al caso del joven que, premeditadamente o sin premeditación, mató a un joven y dejó heridos a dos en las puertas de aquella discoteca de La Paz, la prensa ligera bautizó el hecho como el “caso Joker”, pues el muchacho que apuñaló a otros tres muchachos por motivos de su trabajo tenía la cara pintada, como la del personaje del cómic de Batman.
Solo por titulares de prensa, con la escandalosa palabra “Joker” —la cual, comprensiblemente, sugiere algo siniestro o psicopático—, la opinión pública pensó que el asesino había cometido el delito premeditada y alevosamente, dándole así una especie de muerte civil. Ciertos periodistas saben que ese tipo de titulares son los que más venden, y como el periodismo sensacionalista, en la muy bien llamada por Mario Vargas Llosa “civilización del espectáculo”, necesita vender más para financiarse, entonces en esos medios no se repara en la calidad ética de los títulos y encabezados; no importa que un titular pueda mellar la dignidad de una persona que, por ley, debería ser presuntamente inocente; lo que importa es generar el interés morboso de las masas, sin importar el análisis crítico y pormenorizado de la realidad.
No obstante, solo un par de días después del hecho, algunas calles de La Paz se llenaron de protestas de personas que defendían al acusado, alegando su inocencia. Pintadas las caras de payaso o con caretas o máscaras del siniestro supervillano de Ciudad Gótica y archienemigo de Batman, salieron para defender a Manuel A.Z., de 25 años, proclamando vehementemente su inocencia. De la misma manera, hay que decir que ese hecho, más allá de que el acusado pueda ser realmente inocente o haber cometido el delito sin premeditación, da cuenta de una realidad que desde hace años va deteriorando la justicia en Bolivia: las protestas o manifestaciones populares como un recurso de torcer la justicia. La presión mediática y las protestas en puertas de la fiscalía o los juzgados no deberían —en un Estado de derecho, claro está— torcer la voluntad razonada de un juez o un tribunal. No obstante, también se entiende cierta indignación del pueblo y su movilización ante algunos casos penales sonados, como este del joven Manuel A.Z., pues siempre existe el riesgo de que caigan en manos de jueces o fiscales con rasgos de corrupción o ignorancia. Y la justicia boliviana está plagada de jueces y fiscales así.
De todas maneras, la buena prensa espera, además, que el proceso se lleve a cabo respetando la verdad histórica de los hechos, que los medios no hagan amarillismo con casos como este y se informe a la población con responsabilidad y ética.

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