Más de una semana, este medio esperó las respuestas a preguntas importantes sobre economía, dirigidas a políticos que quieren llegar a la presidencia de Bolivia; pero sus encargados de comunicación, que son una especie de escudos protectores, no viabilizaron la demanda periodística.
Se intentó las respuestas de Samuel Doria Medina, Jorge Quiroga, Manfred Reyes Villa, Andrónico Rodríguez y Evo Morales; pero se obtuvo como retorno el silencio, quizás por cálculo político, ineficiencia de sus comunicadores o asesores, porque están muy ocupados, porque las preguntas no son de su agrado, porque prefieren programas concertados de televisión, porque es mejor para ellos difundir sus versiones directamente en sus redes sociales o porque no saben qué responder.
Las preguntas sin respuesta enviadas a los quieren ser presidentes fueron las siguientes:
¿Qué hará con el tipo de cambio de nuestra moneda respecto al dólar?
¿Qué hará con las criptomonedas en Bolivia?
¿Mantendrá las subvenciones a la gasolina, diésel, GLP, jet fuel y gas natural?
¿Qué hará con la transición energética?
¿Cuál será el futuro de los tres salares más importantes de Bolivia?
Como se puede apreciar, las preguntas son simples y no muy numerosas, pero las respuestas son complicadas y si son publicadas en periódico permanecerán como un compromiso impreso en papel y posiblemente los candidatos no quieren asumir tal responsabilidad y por ello se inclinan a arrojar barro a sus contrincantes, besar niños y ancianitas, vestirse de poncho o camijeta, ponerse sombreros de cada región, bailar sin gracia, publicar tiktoks chistosos y serios, colocar su imagen en vallas gigantes, marchar con sus banderas políticas, mostrar en televisión las “multitudes” que congregan, etc, etc… “lo clásico”.
Ojalá este año sea diferente y no tengamos más de lo mismo y los políticos se pongan a pensar en proyectos reales de gobierno, soluciones a las crisis económica, política, social, energética, alimentaria, ambiental; ojalá se conformen alianzas que vayan más allá de la distribución de ministerios y direcciones públicas; ojalá que cada postulante a diputado o senador tenga un programa de trabajo y no sólo un “paquete de votantes”; ojalá que los próximos funcionarios públicos sean contratados por su capacidad profesional y no por sólo por retribución de haber hecho campaña.
Sin embargo, este suplemento seguirá en su intento por conseguir respuestas a las preguntas ya enviadas, porque quiere saber, al igual que cualquier ciudadano, qué futuro económico proyectan los candidatos para el país y no sólo para el grupo de privilegiados de su entorno.
Bolivia no es un país pobre, tiene muchas riquezas y no merece la crisis económica que vive por la improvisación, ausencia de planificación, corrupción, falta de personal idóneo en las instituciones públicas y también por el regalo del voto a personajes que, en vez de propuestas en favor del país, presentan sólo insultos para sus contrincantes.
